Recientemente leí un excelente artículo de Augusto Baertl titulado “Descentralicemos el proceso de vacunación”, en que su tesis central era que el Gobierno autorizase a los privados para adquirir vacunas contra el covid-19.
En esa forma se lograría que el Estado tuviera que importar menor número de ellas y emplear menos recursos financieros. Con ello además de apresurarse la vacunación, se alcanzaría que muchas empresas con importante número de personal y con campamentos en zonas alejadas, pudieran contribuir en la tarea preventiva de salud.

Lo expuesto me indujo a reflexiones adicionales. Muchos tenemos la impresión de que en el tema preventivo y curativo de la pandemia que nos afecta, se ha actuado al tuntún, sin la necesaria planificación, lo que ahora deberá corregirse antes que lleguen las vacunas y más cuando están vigentes normas de aislamiento social.

La responsabilidad de preservar la salud no es tarea exclusiva del Estado, sino de todos, especialmente de las personas naturales que por lo menos pueden contribuir disciplinadamente, respetando las medidas gubernamentales-sanitarias de prevención. Los resultados seguramente serían otros si es que se hubiese cumplido con el distanciamiento social, el uso universal de las mascarillas y las reglas de higiene personal. Empero seguimos observando aglomeraciones en mercados y centros comerciales, así como en el transporte público, que evidentemente propician contagio.

Para planificar la distribución y utilización de las vacunas, tiene sentido obtener la ayuda de quienes tienen experiencia en tareas logísticas, como son las empresas del sector privado que llevan sus productos a los comercios de las zonas más alejadas del país.

Tienen mucha experiencia también nuestras Fuerzas Armadas y Policiales, así como la Defensa Civil, con presencia hasta en los poblados más pequeños, que puede ser complementada por organizaciones de ayuda social de diversas Iglesias, como por ejemplo CARITAS y ADRA. No podemos olvidar a muchas entidades de la sociedad civil, como son las asociaciones de voluntariado en salud, comedores populares, ollas comunes, clubes departamentales y asociaciones de pobladores, cuya contribución sería valiosísima.

Teniéndose presente que en anteriores oportunidades en que se han distribuido subsidios económicos a la población de menores ingresos o sin ingresos, las aglomeraciones en entidades del Sistema Financiero fueron significativas y atentaban contra la preservación de la salud, es satisfactorio observar que hay correctivos desde el Estado, para hacer la entrega del nuevo bono por mecanismos electrónicos.

En lo que se refiere a la entrega de productos alimenticios no hay que olvidar la experiencia de las Fuerzas Armadas, como su participación en el programa Tayta y en diversas oportunidades en que han existido calamidades públicas.

Ahora que se va a entregar ayuda alimentaria, es necesario evitar amontonamiento de personas que la requieran y por ello en lugar de concurrir a centros de entrega de los productos, se les deje ellos en sus viviendas con la logística principalmente de las Fuerzas Armadas. Recordemos el antiguo dicho de que, si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña.