Terminamos el difícil 2020 con una paradoja que ya resulta risible: la minoría roja de la política peruana ha tomado el poder disfrazada de morado aprovechándose de la ingenuidad de los que integran el partido del candidato bombero y de la genuflexión e irresponsabilidad de los demás sectores políticos.

Que no se queje nadie, entonces, cuando el desastre gubernamental de rojos y morados no solo se perpetúe porque ya tomaron por asalto todas las entidades del Estado con ánimo de permanencia, sino que cuando les quede rojo el rostro y amoratado el cuerpo, hasta el alma, nadie podrá decir que no sabía lo que se venía y que actuaron de buena fe, porque eso ya no sería ingenuidad sino estupidez.

El tema central es que rojos y morados (vale decir caviares) se organizaron de tal manera frente a la corrupción fujimorista puesta en evidencia en el año 2000, para, autocalificándose de “reserva moral”, nos vinieron imponiendo candidatos y presidentes afines a su pensamiento y sometidos a su estrategia para la toma absoluta del poder.

Lo cruel de todo esto es que ni fueron “reserva moral” alguna ni dieron la talla para continuar impulsando el desarrollo del país, sino que se dedicaron a robar a diestra y siniestra, pero infiltrando y copando todos los estamentos del Estado, con lo cual tienen el poder para neutralizar a cualquier candidato que interfiera con sus objetivos.

Las agrupaciones políticas con diferente pensamiento no opusieron resistencia, sino que, de manera inexplicable, procuraron no colisionar con esa fuerza tenebrosa que actuaba desde las sombras, permitiendo que los de la “reserva moral”, con el dinero del Estado, controlen a más del 90% de la prensa, con lo cual manejan a su antojo la psicología colectiva con sofismas groseros propalados con un cinismo propio del sistema nazi.

Inclusive, el fujimorismo, en vez de actuar con un mínimo de coherencia, se dedicó a suplicar a toda la “reserva moral” el indulto para el ex presidente Fujimori, a sabiendas que no se lo iban a conceder, sino que esta falta de autoestima serviría para humillarlos más.

El pueblo les dio mayoría en el Congreso porque se dio cuenta del abuso, pero esa fuerza política se dedicó más a la venganza personal que terminó poniendo en el poder a Vizcarra, cuyos antecedentes y comportamientos morales, son incalificables. Casi destruyó nuestra democracia y, sin embargo, junto a su compadre Salaverry quiere ir a un Congreso que siempre despreció. ¡Pobre Perú!