Lo que más hilaridad motiva de este cuadro churrigueresco suscitado por la juramentación del segundo Consejo de Ministros del gobierno de Pedro Castillo, es recordar el famoso tuit de Guido Bellido señalando que el canciller Óscar Maúrtua y el viceministro de Relaciones Exteriores Luis Enrique Chávez tenían “las puertas abiertas” para alejarse del Gobierno, por sostener una verdad monda y lironda: el Perú no reconoce como autoridad legítima al sátrapa venezolano Nicolás Maduro.

Al final, Castillo le abrió la puerta falsa a Bellido para que abandone la esfera gubernamental como un auténtico apestado mientras Maúrtua y Chávez se quedan. Imagino la desazón de Maduro y de todo el concierto rojo latinoamericano. Sus defensores acérrimos e irracionales del Perú muerden el polvo del ridículo.

El Gobierno –pese a ceder a la presión comunista y otorgarle reconocimiento a la inexistente “República Árabe Saharaui”, lo cual ha debilitado nuestra avanzada relación con Marruecos– todavía no se alinea del todo con sus pares de Argentina, Bolivia, Nicaragua, México y Venezuela. Hay una discreta autonomía que, ciertamente, podría quebrarse en cualquier momento.

Tal es el ángulo que debemos abordar cuando juzguemos a esta administración en los meses o años futuros, luego de la alucinante era Bellido como premier: los límites factibles de imponerle desde la opinión pública con el objetivo de evitar el cruce hacia los espacios de subordinación a la agenda chavista.

Mientras los aliados del partido Perú Libre veían al Gobierno solo como una oportunidad de acumulación de poder, Castillo hace lo mismo en provecho del Fenatep, pero sumando acciones que acrediten algo su hasta ahora pésima gestión. Mientras Vladimir Cerrón cacarea desde las redes sociales el proyecto marxista-leninista de mediano y largo plazo, el mandatario confía algunas áreas públicas a personas sensatas aunque persiste en los mensajes radicales.

Ni en la cita de la CELAC ni en la de la OEA, Castillo derrapó hacia compromisos explícitos con sus amigos de la izquierda bruta y achorada (congresista y ahora ministra Betssy Chávez dixit) de Latinoamérica. La ratificación de Julio Velarde al frente del BCR y el nombramiento de directores aceptables (un liberal como Iván Alonso los califica positivamente), no es poca cosa.

El nombramiento de José Incio, un alto funcionario de Proinversión durante casi una década, en la cartera de Producción, tampoco. Añado el aggiornamiento del otrora incendiario Pedro Francke, ministro de Economía, hoy vilipendiado por los cerronistas.

Que una absurda negociación con Perú Libre haya puesto a un nuevo impresentable en el despacho del Interior, por supuesto irrita (la flamante premier Mirtha Vásquez debe cambiarlo antes de comparecer ante el Congreso por el voto de confianza). Que algunos ministros no califiquen para el cargo y sean de izquierda, puede relativizarse.

El Gobierno es de izquierda. Y si llegó es porque al centro y a la derecha le faltó activismo. Ahora el desafío es consolidar esa voz pública que derrocó a Bellido y mantenerla fuerte, mientras las alternativas políticas demócratas logren recuperar el aprecio ciudadano.

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