Edián Novoa perteneció al recordado Movimiento Kloaka, fundado en Lima en el año 1982. En el quehacer literario fue uno de los que transitó entre la narración y la poesía (además del periodismo), situación que, por cierto, es bastante compleja y advierte un conocimiento de todos esos espacios de escritura. Así, en el 2020, decidió no escapar de la poesía y ha publicado dos libros S/il/ana en tiempos de desamor (agosto, 2020) y No hay tela para tanto muerto (octubre, 2020), ambos con la editorial Apogeo.

S/il/ana en tiempos de desamor es un poemario que presenta 14 poemas, escrito con un lenguaje que transita entre lo culto y lo coloquial. Es demás, una exposición del uso particular que le da al lenguaje desde la entrada, desde el título. Y entre todos esos poemas existe una fortaleza de recursos expresivos, como en el caso de la denotación y la connotación, tal como lo ha expresado Fernando Obregón: “Los más notorio del libro son los juegos semánticos de denotación y connotación. El autor juega con el significado de una palabra y al mismo tiempo adjunta otras (a veces para negarlas) y crear nuevos sentidos”. Para muestra de ello, el poema Des/atado: “Estoy des/atado / a cordones de zapatos / estoy des/atado / en mueca des/colgada / estoy des/atado / a madrugada en cuarto de hotel / estoy en tu espalda ecran / sin sueños / sin visiones […]”

No hay tela para tanto muerto, su otro poemario, refuerza el dominio del lenguaje que ya había mostrado en el texto anterior. En sus doce poemas, la ironía y la sonoridad son rasgos importantes que se deben tener en cuenta, sobre todo como quien lee sus versos en voz alta. Y esa voz en alto también hace referencia a la muerte, como en el poema que da nombre al libro y que bien podría ubicarse dentro del contexto que vivimos: “En la esquina del mar y la ilusión / dos ardillas no ceden al rito de la muerte / no llevan duelo en sus colas espinosas / se persigue sobre el lomo del árbol / fresca mañana para el día 54 de cuarentena […]”. La idea de muerte trasciende hacia la misma realidad como quien se mira en el espejo. Como lo ha referido Paolo de Lima: “Cualquiera sea el contexto al que el título aluda, para un lector de la ciudad letrada queda claro que no hay tela para tanto muerto”. Y, efectivamente, ese es el poder del lenguaje.