Agobiado por el infernal zafarrancho que ha producido, espantado por las gravísimas responsabilidades que le persiguen, y desesperado por zafarse de uno de los peores gabinetes ministeriales de la historia republicana –estructurado por él mismo- Martín Vizcarra finalmente licenció al impresentable consejo de ministros presidido por ese gran incapaz llamado Vicente Zeballos -e integrado por otro mamarrachoso apellidado Zamora- quienes junto con otros tantos indescriptibles que presumían de ministros -sólo por colocarse un fajín- cargarán con la culpa de haber hundido a nuestra nación a una de las peores crisis socioeconómicas –y políticas- de todos los tiempos. Jamás los peruanos hemos soportado un gabinete ministerial de la estofa del que ayer se esfumó sin pena ni gloria, hundido por su inmensa arrogancia, medianía, ineptitud y tontería. Es hora que aquellos politicastros de siempre que, con delirio de grandeza, presumen de iluminados e irresponsablemente llegan a postular a la presidencia de la República, comprendan que sus ínfulas suicidas sólo contribuyen a la destrucción de la patria. En este grupo, por ejemplo, últimamente se ubican los fiascos de Humala, PPK y Vizcarra. Tras alcanzar a lo largo de once años -entre 2000 y 2011- cotas de crecimiento anual promedio superiores al 6.8%, tan sólo durante estos últimos nueve años el Perú ha retrocedido a estratos de pobreza semejantes a los de sus peores etapas de miseria, desencanto y abatimiento social.

En parte por culpa de los votantes que no investigan a conciencia a quiénes le otorgan su voto, nada menos que para administrar su propia vida y hacienda. Pero la verdadera responsabilidad la tienen esos falsarios que, ciegos por su vanidad –mezcla de arrogancia con orgullo, y ambos vicios aderezados por una surrealista mediocridad- engañaron a un país ineducado, manipulable y candoroso con las terribles consecuencias que ahora estamos viviendo. Siendo la más grave de ellas el fallecimiento de sendas decenas de miles de peruanos –sincerando las estadísticas temerariamente falseadas por el gabinete anterior, con visto bueno del presidente Vizcarra- y la quiebra de salud soportada hasta ahora por no menos de 400,000 connacionales. Porque semejante hecatombe sólo compete a la impericia del gabinete al cual el mandatario Vizcarra recién ayer le bajó el dedo. Y por si fuera poco, el estrafalario gabinete Zeballos –tercamente empernado al Ejecutivo por el presidente Vizcarra- es el culpable de esta sobrecogedora crisis económica nacional, resultado de su incompetente administración de la pandemia Covid-19.

Ebrio de encuestitis aguda Vizcarra se estrelló contra la realidad. El país no daba más. Incluso peligraba la propia estabilidad del mandatario. ¿El motivo? La descomposición de la economía ha impulsado una indignación social todavía contenida, no obstante en pleno proceso de ebullición y de pronóstico reservado. En consecuencia el acierto o fracaso del flamante gabinete –energizado con la incorporación de Pedro Cateriano, ex premier de Humala, figura polémica que se ha hecho acompañar por un coro de ex ministros humalistas- depende de los puentes que Cateriano le tienda a una oposición a la cual permanente, innecesaria, torpemente hace meses ha venido maltratando.