Es obvio que tras la interpelación al ministro de Trabajo Íber Maraví venía su censura. Maraví es señalado por varias bancadas de derecha como senderista. Lo curioso, para ser exactos, es que no hay ni una sola condena, ni una sola sentencia, ni un proceso penal ni investigación fiscal que acredite este hecho.

Apenas existe un atestado policial de los 80 del cual se han prendido varios medios de prensa que piensan que están en una cruzada contra el comunismo, y que han llevado de las narices a los congresistas hasta los límites del paroxismo. Un atestado policial no significa nada en términos penales.

Tan no significa nada que uno de los “héroes” de la generación Bicentenario tiene un atestado policial de delincuente carterista o violador y está para muchos en un pedestal. Asombra ver la orfandad en estrategia política de casi todas las bancadas en el Congreso (incluida la del partido del gobierno que no pudo hacerse con la Mesa Directiva ni con ninguna comisión de importancia dada su impericia política).

Ahora el Congreso está en un dilema que lo pone al borde de la disolución. Resulta que el presidente del Consejo de Ministros ha sido bien claro en decir que “Íber no se va” y que, para ello, si al Congreso se le ocurriera pedir la censura luego de la interpelación, hará cuestión de confianza. En buen romance, Bellido está desafiando al Congreso a que dispare su primera bala de plata ni a dos meses de mandato por un ministro periférico como es el de Trabajo, que, además, pertenece al cogollo magisterial y amical del propio presidente de la República.

¿Es Íber Maraví tan importante para que estratégicamente el Congreso juegue a la ruleta rusa? Y como dice un amigo y gran jurista: “ni siquiera miden (en el Congreso) el tiempo para que venza el plazo de observación de la ley sobre la cuestión de confianza, de forma que el Congreso pueda insistir y promulgarla. Total, ya no existen cinco votos para declararla inconstitucional”, luego de la muerte súbita del magistrado Ramos en el TC.

Si los congresistas realmente pusieran al país sobre sus intereses entiendo que irían por la vacancia, que es el antídoto a las cuestiones de confianza. Pero no piensan más que en sus intereses, pues. De tal modo que ni siquiera tienen los votos para vacar a nadie, porque tampoco quieren irse a sus casas luego de convocatoria a nuevas elecciones generales (si se va Castillo, también debería irse Boluarte para eliminar el mal de raíz). No veo en ninguna bancada de oposición ese desprendimiento ni disposición (sí la veo en la del gobierno que apuesta precisamente a disolver el Congreso).

Lo que veo es absoluta improvisación que, para variar, cierto sector de la prensa no destaca prefiriendo enfocarse en el Gobierno. Pero curiosidades de la vida, ese mismo gobierno al que se le achaca acefalía y caos, es el que ha puesto al Congreso entre la espada y la pared, con la triste escena de un grupo de congresistas esperando que los reciban en la puerta de palacio a medianoche, para intentar hablar con el presidente de la República al que maletean a diario. ¿Van a qué? ¿A rogarle que no haga voto de confianza? ¿A firmar la rendición en el acorazado Missouri? El Congreso es más que hacer leyes, diría que eso es lo secundario. El Congreso es la política en su máxima expresión. Y no veo políticos por ninguna parte. Sólo nos queda rezar.

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