La semana pasada fue de una frustración política profunda. El viernes 18 pudo ser el gran día de la revocatoria y el fin de la dictadura de Vizcarra.

Lamentablemente no se dio. Los argumentos políticos a partir del largo y detenido análisis sobre la moral del gobernante fueron contundentes. Sin embargo, la cobardía, los pactos miserables, las absurdas “estrategias” y la falsedad de la mayoría de parlamentarios determinaron que el moqueguano siga en el cargo supuestamente hasta julio de 2021.

Esa lección antiética, a la cual ni siquiera el cuestionable Tribunal Constitucional quiso prestarse, paradójicamente nos concede una victoria ética a quienes nos mantuvimos firmes en defensa de la constitucionalidad y la indispensable purga del sistema de poder en el Perú.

Ahora ya sabemos -y tenemos la lista que se inscribirá en las páginas imborrables de la historia-, quién es quién. Si por sus palabras y sus hechos los juzgaréis, entonces allí están todos esos miserables que pusieron el dedo en la llaga en las mentiras de Vizcarra, a quien inclusive insultaron sin miramientos, pero a la hora de la votación se abstuvieron o votaron en contra de su vacancia.

La política es el arte de lo posible, es la lucha por alcanzar el poder, pero cuando no se sustenta en valores es solo el quehacer de la tiranía. Por eso agrupaciones como Fuerza Popular (con excepción singular de Martha Chávez) le deben hoy a sus seguidores una explicación convincente de por qué los traicionaron, por qué apoyaron al dictador con una energía que más les hubiese valido utilizar para quitarse las rodilleras en el Congreso.

De APP no es mucho lo que debe añadirse, salvo subrayar que Acuña sigue siendo la cabeza de un cacicazgo que impera por su derroche del dinero. De los morados jamás esperamos ni siquiera un acto de decencia.

Acción Popular, infiltrada por parásitos de izquierda, no tuvo la coherencia para sancionar a quien inclusive deshonró la memoria de Fernando Belaunde Terry y los acusó de golpistas.

El Frente Amplio, esa banda roja repudiable, paradójicamente defendió a Vizcarra con los mismos argumentos de sus aliados y enemigos funcionales de la Confiep. Solo el Frepap dio una lección de coherencia.

Hoy, entonce, no es hora de lamentaciones, sí de esclarecimientos. Debemos poner a los traidores de lado, acabar con las lamentaciones y seguir construyendo una alternativa unificada, republicana, de derecha popular y auténticamente respetuosa de la Constitución.