A la espera de los resultados justos que ha de emitir el JNE. Los medios siguen recogiendo las noticias que provienen de la segunda vuelta. Las redes sociales en las que las personas desahogan sus sentimientos y opiniones, en distintos tonos de virulencia, se ocupan más de dicha crisis política que del impacto que sigue golpeando el COVID-19 en los hogares peruanos.
El ministro de Salud, Óscar Ugarte, ha informado, con cierto optimismo que saludamos, que hasta diciembre del presente año, toda la población peruana y los residentes extranjeros en el país habrá sido vacunada contra el Covid-19 si se continúa con el actual ritmo de vacunación. Es una buena noticia, sin duda. Ello nos permite ver el futuro con menor tensión a la que nos habíamos acostumbrado en este año.
Volver a la normalidad, gradual y responsablemente, nos permitirá enfrentar la nueva realidad con tranquilidad. La economía que ha sido la más golpeada, como lo han sido las empresas pequeñas y medianas que se vieron obligadas a cerrar, gran parte de ellas, se podrán ir recuperando aunque ello demande algunos años, según lo han explicado los expertos. Después de todo, esta ingrata experiencia ha servido para valorar en su justo peso la importancia que tiene la salud en la vida de las personas y de la sociedad en su conjunto.
Nunca tuvimos una crisis similar a la que padecemos desde marzo del año pasado. Millones de personas fueron afectadas en el mundo a consecuencia del COVID-19. En el Perú, según información oficial brindada por el Ministerio de Salud, hasta hace cinco días exactamente, teníamos dos millones 52 mil 65 personas confirmadas con el COVID-19, de las cuales, nueve mil 202 eran pacientes hospitalizados y dos mil 391 se encontraban en UCI con ventilación mecánica. El resto, o sea más de dos millones de personas cumplieron su período de aislamiento domiciliario o fueron dadas de alta de algún establecimiento de salud. Esa es la realidad actual.
A diferencia del gobierno anterior del presidente vacado, Martín Vizcarra, el actual tomó la determinación de sincerar las cifras, por lo cual se tiene conocimiento que hasta el momento son más de 192 mil peruanos que perdieron la vida al no poder resistir la ferocidad de este virus. Han quedad en nuestras retinas las escenas de dolor en los hospitales del país de personas y familiares que no podían ingresas a sus pacientes por falta de camas y de oxígeno y que se morían en los pasadizos y en las puertas de esos nosocomios debido a la precariedad de nuestros servicios sanitarios por la ineptitud e insensibilidad del gobierno del señor Vizcarra. Vivimos, durante ese periodo, sin conocer la verdadera magnitud del problema.
Ahora el ministro Ugarte señaló que el ritmo de vacunación es bastante rápido. Informó, asimismo, a la prensa que la cantidad de dosis de la vacuna contra el covid-19 está llegando al país en un número considerable, lo cual es alentador. Hasta el momento, el Perú ha recibido más de 11 millones de dosis de la vacuna contra el covid-19, y durante el presente mes de julio se espera la llegada de 8 millones de dosis más, según refirió. A la fecha se han vacunado a más de 3 millones de personas con las dos dosis, Ugarte dijo que el Perú logrará la meta de inmunizar completamente contra el covid-19 a más de 4.5 millones de personas antes del 28 de julio del presente año.
Este tipo de noticia lleva consigo tranquilidad a la población que, en mucho, se siente afectada también emocionalmente. Ello se advierte en el estado de ánimo de las personas. Sin embargo, esta nueva realidad no debe llevarnos al equívoco comportamiento de sentirnos seguros contra el virus y abandonar los necesarios protocolos de seguridad. Existe una variante que nos obliga a estar en alerta. El ministro de Salud confirmó que, a la fecha, se han detectado tres casos de pacientes afectados por la variante delta del coronavirus en Arequipa y uno en Lima, pero que no fueron de gravedad sino leves y moderados. De ahí que a fin de evitar la propagación de la COVID-19 y sus variantes el Gobierno recomienda distanciamiento físico, usar mascarilla, lavarse las manos y usar escudos faciales en el transporte público. Son prácticas muy sencillas que no debemos olvidar.

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