Hola… “En el bosque, en un lindo palomar, vivían un grupo de palomas que se esforzaban, día a día, para que nada les faltara. Muy cerca de ellas moraban un grupo de lechuzas, entre las cuales había una muy vaga que, al no trabajar, quería vivir a expensas de las demás y, por supuesto, eso no estaba bien. Esta lechuza no tuvo mejor idea que buscar disfrazarse de paloma; se supo pintar y maquillar que parecía una paloma más y volando llegó al palomar.

Sentándose a la mesa comía sin trabajar. Pasaron varios días y la dicha no le podía durar mucho tiempo, ya que instalada en el confort se olvidó que sus sonidos son totalmente distintos a los de las palomas. Uno de esos días se puso a ulular, que es el chillido que emiten las lechuzas, y las palomas, al darse cuenta de que tenían a una lechuza con ellas, la comenzaron a picotear hasta que lograron echarla del palomar.

Cabizbaja se fue donde estaban sus hermanas lechuzas, pero ellas también la comenzaron a picotear porque, al verla disfrazada de paloma, no la reconocieron y llegó a esta conclusión: ‘Si quiero ser aceptada, tendré que ser yo misma y ponerme a trabajar’”.

No necesariamente conozco la estadística de cuántos somos semejantes a esta lechuza embustera y vaga, pero sí es posible que, a muchos de nosotros, se nos pase por la cabeza la viveza para podernos aprovechar de los demás, hasta que, lógicamente, estos se den cuenta y como se dice, “nos saquen más rápido que volando”. Pero el problema no está solo allí, sino que lo vayamos haciendo tantas veces, llegando a perder nuestra identidad y con ello vivamos una vida de mentira y de engaño.

Al tiempo de la fábula que acabas de leer, algo que sí es real y me gustaría compartirlo contigo, se refiere a lo que significa una fiesta tan maravillosa como es la que hoy celebramos: “Cristo Rey”. Esta festividad nos lleva a comprender cómo el reinado de Cristo comienza en un pesebre de madera y culmina en una Cruz también de madera. Es por ello que no se habla de un Reino de casualidad, sino de un proceso de amor que va desde la Cuna hasta la Cruz.

Preparándonos para la Navidad, me permito invitarte a visitar, desde la Av. Javier Prado, el nacimiento, el árbol y las luces navideñas que podrás ver en la fachada principal del Colegio San Agustín, indudablemente de manera total durante la noche.

“No busques el momento perfecto, solo busca el momento y hazlo perfecto”.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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