Hola… En este domingo quiero rendirle un homenaje de gratitud a un gran amigo que lo fue en vida, uno de los más grandes odontólogos del Perú, el Dr. Mariano Flores Rubio.

Hace años me invitó a la presentación de su libro que había escrito con su hermano Manuel Flores Rubio, también un eminente odontólogo; en ambos casos, orgullo del Perú. Escribieron un ejemplar titulado: ¿Qué hacer con el resto de tu vida?, y quiero transcribir lo que en la página 119 nos relataron, el viaje que hicieron de Lima a la ciudad de Arequipa, cuya distancia es de 1,200 kilómetros.

Dicen mis amigos, Manuel y Mariano, que se detuvieron el primer día en Chala, a 600 kilómetros del destino. Mariano manejaba un automóvil Chevrolet Malibu 1965, que apenas tenía un año de uso y, por las características del auto, le hacía sentir el dueño de la pista. Se cruzaron, o mejor dicho adelantaron a un joven japonesito que iba en un vehículo de tres ruedas, dos atrás y una adelante, cuya carrocería era muy pequeña y tenía la forma de una camioneta. Cuando pasaba el Chevrolet y lo miraban, parecía que el carrito estaba detenido y se reían de su velocidad pensando que no llegaría muy lejos. Conocieron la ciudad y en la noche fueron a cenar al restaurante del hotel de turistas. Les sorprendió que, al lado de su mesa estaba cenando, tranquilamente, el joven de origen japonés. La verdad que no pensaron que estuviera allí; sin embargo, sus ojos no les engañaban lo que veían. Se retiraron a sus habitaciones y se levantaron la mañana siguiente; tomaron desayuno y continuaron el viaje. Almorzaron en la ciudad de Camaná y en la tarde llegaron al hotel de turistas de Arequipa. Cuando ingresaron al aparcamiento con el automóvil Chevrolet, ya estaba estacionado el carrito del japonesito, quien, lógicamente, había llegado antes que ellos. Se acondicionaron en el hotel y bajaron a cenar, donde al encontrarse con el jovencito se acercaron a preguntarle cómo había llegado antes que ellos; y sonriente les contestó: -Hay una frase japonesa que dice:

“Comienza temprano, no te apures, no descanses, ni tampoco te detengas hasta cumplir el plan trazado para cada día. Persigue tu meta como perro de presa”.

A Manuel y a Mariano los conocí en la década de los 80. Bien es verdad que, con mi querido Mariano y familia, siempre mantuve una cordialísima amistad hasta el día de hoy. Mariano ya está en el cielo y estoy seguro que allí ya fundó su Escuela Odontológica como lo hizo en su Perú y América, porque su sapiencia fue más allá de nuestras fronteras.

“No busques el momento perfecto, solo busca el momento y hazlo perfecto”.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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