Hola… El libro abierto de la naturaleza es, para mí, el libro más sabio que jamás haya podido escribir un ser humano. Es posible que muchos de nosotros, en algunos casos, ni siquiera lo hayamos abierto y, en otros casos, simplemente lo hayamos ojeado por encima; sin embargo, son maravillosas las lecciones que nos enseña.

Lo que voy a contarte a continuación llegó a mí como un escrito, pero sin poner el nombre de quien lo escribió; no obstante, desde aquí felicito al autor de este texto, al mismo tiempo que me gustaría compartirlo con ustedes, amigos lectores.

“La naturaleza nos enseña que existen dos animales que luchan por su propia sobrevivencia. Por un lado, el águila que, para alimentarse y vivir, necesita comer serpientes y, por otro lado, la serpiente que busca sobrevivir al ataque de las águilas. El águila, desde las alturas, primero por su certera visión, ubica a la serpiente, con gran velocidad se lanza contra esta y, con sus garras, la levanta hacia el cielo. Con esto, el águila cambió el campo de batalla, donde para la serpiente es un lugar imposible de defenderse, vale decir, el firmamento. Una serpiente no tiene ni resistencia, ni poder, ni equilibrio en el aire; es inútil, débil y vulnerable, a diferencia de su terreno en el cual es poderosa, sabia y mortal”.

Interesante esta lección de la naturaleza, porque en la vida de los seres humanos y en este tiempo de cuaresma, vamos conociéndonos un poquito más, a la vez que valoramos nuestras fortalezas y cuando en ellas tenemos a Dios, bien sabemos que Él se hará cargo de nuestras batallas.

No luches contra tu enemigo en su zona de confort, cambia el campo de batalla al igual que lo hace el águila y es ahí, donde teniendo a Dios, quien se encargará de tu batalla, y tú, desde la oración, recibirás la fortaleza que el cielo da para vencer los más duros momentos que puede tener un ser humano.

Hace unos días regresaba el Papa de Irak a Roma y un periodista le pregunta: -Santidad, sabiendo lo complicado que era este viaje, ¿por qué lo realizó? El Papa le respondió: -Es cierto, pero han sido muchas horas de oración ante el Santísimo Sacramento y fue ahí donde el Señor preparó el terreno más favorable para peregrinar, en son de paz, a la tierra de nuestro padre Abraham.

“Cuando hay una tormenta los pajaritos se esconden, pero las águilas vuelan más alto”.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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