Hola… Me contaron que el “café” se sentía muy triste porque pensaba que nadie lo aceptaba y sentía que su vida era muy amarga. La verdad es que por esencia el café, sobre todo el buen café con su grado amargo, suele ser muy fuerte y eso es natural; pero un día tuvo la gran suerte de encontrar a alguien que le dijo: -Yo te puedo ayudar, más aún conozco quién lo puede hacer. -¿Quién?, le preguntó el café a su casual amigo. -Yo soy el azúcar, pero he escuchado sobre una señora llamada leche y, tanto ella como yo, podemos darte un sabor distinto. -Prueba si gustas, le dijo la leche, y estaremos felices de transformar tu vida. Y así sucedió. El café, juntándose con el azúcar y con la leche, comenzó a tener un agradable sabor.

Pero no nos quedemos en el mundo de las cosas y pasemos al mundo de las personas; cada día es fundamental que encontremos las personas más adecuadas, aquellas que le dan sabor a nuestras vidas, aquellas que nos dan salud a nuestro espíritu, aquellas que, en definitiva, pone Dios a nuestro lado para entender cuán posible es mejorar si sabemos escoger a las personas que siempre nos acompañan.

Es posible que haya momentos en los cuales el dolor, la angustia y el sufrimiento hagan que vivamos una cierta amargura que, por otro lado, es natural y nadie está exento de vivir esos instantes; sin embargo, el dar un espacio en nuestras vidas a las personas adecuadas, estas nos van a hacer más felices.

En momentos difíciles, donde a muchos de nosotros se nos nubla el horizonte, no hay compañía más enriquecedora que aquella que, desde la oración, nos une a Dios para que Él bendiga nuestras vidas y fortalezca nuestras debilidades; por ello, debemos rezar con mayor insistencia. Recordamos la frase del Papa Francisco: “Es posible que el hombre se canse de pedirle a Dios, pero de lo que estoy seguro es que Dios nunca se cansa de darle al hombre lo que más necesita”.

Y si le pedimos a Dios, unidos en oración, a través de nuestra Madre María, en una linda advocación que celebrábamos el lunes pasado, “María Auxiliadora”, devoción que surge en el primer siglo de nuestra era cristiana, sabremos fehacientemente que Ella nunca nos abandona.

“La Fe no hace las cosas fáciles, hace las cosas posibles”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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