Hola… Se acercaron al aeropuerto la mamá con su hijo de apenas seis años. Ya en el counter de la compañía aérea fue responsabilidad de la jefa de azafatas indicarle a la mamá del niño que no se preocupara, porque su hijo iba a estar en buenas manos. La madre se retiró del aeropuerto y el niño, acompañado de una azafata, se dirigió al terminal aéreo donde estaba el avión. Lo sentaron en primera fila, al lado de una ventana y de inmediato le dieron crayolas, plastilina y hojas para dibujar; ni cuenta se dio cuando el avión comenzó a despegar y tomar vuelo. A la media hora, el avión entró en una zona de tormentas, por lo que este comenzó a moverse hasta el punto de que la jefa de azafatas indicó a los señores pasajeros que, por favor, no se movieran de sus sitios, que se abrocharan los cinturones porque por unos minutos más, mientras pasara el avión la tormenta, este se iba a mover.

Junto al niño había una señora con su esposo, quienes entablaron una comunicación con el pequeño, pero que a la hora de la tormenta fue tal el susto que apenas podían mirar para ningún lado. Mientras tanto, el niño seguía jugando tranquilamente con sus crayolas, con sus hojas y con su plastilina, con él no iba el problema. Cuando todo esto pasó, la señora estaba confundida de ver cómo aquel niño no se había movido y menos había gritado o necesitado de la ayuda de la azafata, él estaba muy tranquilo, sintiéndose como en su casa.

La mujer le dice: -¡Todos teníamos miedo en el avión, el único tranquilo eras tú!, ¿cómo puede ser eso? El niño la miró y le respondió muy serio: -Señora, yo no tengo temor porque mi papá es el piloto.

En la vida, la mayoría pasamos por zonas peligrosas que nos suelen desestabilizar muchísimo e incluso llegar a la desesperación hasta desearnos la muerte. Yo te preguntaría: ¿En quién confías? Porque si confías en Dios, recordamos el pasaje de la Biblia, en Lucas 8, que nos dice: “Cuando estaban en la barca vino una tempestad, parecía que la barca se iba a hundir, Pedro despertó al Señor y le dijo: -¿No te das cuenta que nos vamos a hundir?; y Jesús, calmando la tempestad, le respondió: -No tengáis miedo.

Es fácil en momentos como estos desesperarse, pero recuerda: “Dios es más fuerte que cualquier tempestad”.

“La Fe no hace las cosas fáciles, hace las cosas posibles”.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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