Hola… Caía la tarde en los jardines del palacio del duque. Este paseaba por entre las arboledas y losetas llenas de flores. No estaba solo; lo acompañaba un músico ciego, quien le daba maravillosos consejos porque era muy sabio. Llegó el atardecer y ambos tomaron asiento en un banco de su parque.

“-Ya soy viejo, le dijo el duque a su amigo, son setenta años de mi vida y aunque me gustaría estudiar y leer algunos libros, me temo que es demasiado tarde. El amigo músico le sugirió: -¿Por qué no enciende una vela, señor? -Por favor, le dijo el duque, ¡por qué se atreve usted a bromear conmigo! exclamó en tono molesto. -Yo, un músico ciego, nunca intentaría pronunciar algo incorrecto en presencia de mi señor, pero he oído decir que, si un hombre es aficionado al estudio en su juventud, su futuro será brillante como el sol matinal; si a esta persona le place el estudio en su edad media, será como el sol de mediodía; mientras si comienza a estudiar de viejo, será como la llama de una vela; es verdad que la vela no es muy brillante, pero siempre será mejor que andar a tientas en la oscuridad”.

He admirado a aquellas personas que nunca han visto que su edad sea un inconveniente para seguir progresando, ni se han amparado en que son mayores para decir que no pueden leer un libro, un ensayo e incluso el mismo periódico.

Indudablemente son tiempos distintos, sobre todo para aquellos que nacimos en el siglo pasado y consideramos que el modernismo pasa por nuestro lado a mayor rapidez que el “tren bala”, pero sí puedo decirte que, aún cuando la vida pase tan rápido, siempre podremos acercarnos a una estación donde el tren, aunque sea por un minuto, se detenga y nosotros atentos subamos a la modernidad sin olvidarnos del bagaje cultural que traemos del siglo pasado.

Un nuevo tiempo nos llega con este Primer Domingo de Adviento. No podemos darnos el lujo de esperar a la Navidad; es importante que vayamos en su búsqueda y que, al encontrarla, la ubiquemos en nuestros corazones y la cuidemos con esmero de manera tal que, dentro de un mes, cuando el calendario marque veinticuatro y veinticinco de diciembre, la Navidad no nos coja de sorpresa, por la sencilla razón de que salimos a su encuentro y hemos caminado con ella hasta el día esperado.

“En Navidad todos los caminos conducen a la familia”.
Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!
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