¿Por qué fracasan la izquierda y la derecha?

¿Por qué fracasan la izquierda y la derecha?

No habrá ni disolución del Congreso, ni vacancia de la Presidencia, ni asamblea constituyente.

Tampoco habrá gabinete de camaradas, ahora que la caviarada ha fracasado en el premierato.

Pero la izquierda seguirá fracasando en el gobierno, porque hay una brecha enorme entre su composición de lugar y la realidad. Lo que caviares y camaradas necesitan es madurar, refundar la izquierda peruana. Pero no de arriba hacia abajo, desde prejuicios doctrinarios, sino de abajo hacia arriba, mirando la realidad en primer lugar, como José Carlos Mariátegui y José María Arguedas, desnaturalizados más tarde por demagogos que se apropiaron de la izquierda.

No obstante, madurar es lo que necesita también la otra orilla.

Veamos. ¿Por qué han fracasado Macri en la Argentina, Piñera en Chile, y están cerca de hacerlo Duque en Colombia y Bolsonaro en Brasil?

¿Y por qué fracasa la izquierda nuevamente con los Fernández en Argentina, y va a hacerlo en Brasil de nuevo con Lula (que volverá al gobierno), o probablemente en Chile, con Boric?

Mención aparte merecen Venezuela, que no es una democracia, y el Perú, que es el laboratorio de ensayo-error más desaforado de todo América del Sur. Acá han fracasado en los últimos 20 años o lo están haciendo Castillo, Sagasti, Vizcarra, Kuczynski, el segundo alanismo, y Toledo. Alguno en grados, los demás estruendosamente. Pero también antes de ellos, por omisión Fernando Belaunde, y estrepitosamente el primer alanismo, todos por mala lectura de la realidad, de izquierda o de derecha.

Desde luego, cada experiencia fallida tuvo o tiene sus propias circunstancias particulares, únicas e irrepetibles, pero también tienen todas ellas al menos un factor en común. Pienso que la derecha o la izquierda llegan al gobierno, pero no al poder, porque las nuestras, en Sudamérica, son democracias de baja gobernabilidad incapaces, por eso mismo, de resolver los problemas del pueblo.

Fujimori es el único del que se puede decir que no fracasó en el Perú. Pero fue porque, cuando se vio amenazado por la vacancia y sitiado entre una economía en escombros y la insania terrorista, replanteó las reglas del juego de la gobernabilidad. Solo entonces pudo gobernar, parar en seco la hiperinflación, derrotar al terrorismo senderista, y volver al orden constitucional en menos de un año. Lo anunció en Las Bahamas en mayo de 1992 y el nuevo parlamento se instaló el 30 de diciembre, ocho meses después.

Pero no fue el 5 de abril lo que hizo posible la gobernabilidad, fue la Constitución de 1993 lo que la hizo posible, y permitió al Perú un crecimiento que le ha tomado a la demagogia de izquierda 30 años derribar.

No basta romper huevos para hacer tortillas. La prueba de que no fue el 5 de abril lo que logró la gobernabilidad es que cuando Vizcarra intentó su propio “5 de abril” disolviendo inconstitucionalmente el Congreso el 30 de setiembre de 2019, la decisión condujo, un año después, a la vacancia de su propia Presidencia el 9 de noviembre de 2020.

El desafío hoy es construir la gobernabilidad de abajo hacia arriba, prestando atención primero a lo que existe en la realidad: el clamor del pueblo por acceder a una verdadera propiedad formal de la tierra y al capital.

Y añadir en nuestro caso, además, un indispensable rediseño del balance entre los poderes del Estado en el capítulo político de la Constitución del 93. No basta la separación de poderes, debe haber equilibrio entre ellos. No lo habido nunca en el Perú desde la fundación de la República.

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