Por José Linares Gallo

Así como el teletrabajo vino a quedarse, lo mismo debe suceder con la educación, que hoy es 100% virtual. Ambos casos tienen un impacto significativo en el tránsito peatonal y vehicular, y en el transporte público, que hoy es caótico: no se respeta el distanciamiento social ni la doble mascarilla ni el uso del protector facial. De nada valió destrozar la economía inmovilizando a ciudadanos y escolares durante 15 meses, cuando el virus ha seguido viajando del centro de trabajo al hogar y viceversa.
Volver a las clases presenciales, como si no hubiera pasado nada, significaría el retorno de más de 6 millones y medio de estudiantes de colegios públicos y privados, que utilizarían el sistema de transporte.
21 mil escuelas públicas se encuentran en zonas urbanas, y cuentan con un total de 4 millones y medio de estudiantes. Los colegios rurales públicos, por su parte, son un total de 61 mil y su población escolar es de casi 2 millones. Resulta evidente que las escuelas rurales no tienen problemas de sobrepoblación escolar; muchas con un promedio de 2 a 15 estudiantes. En estos casos, es necesario acercar la escuela a la comunidad que corresponda, para evitar desplazamientos largos de estudiantes y docentes.
El problema de la sobrepoblación se da en la zona urbana, donde encontramos profesores que atienden aulas de entre 30 y 40 estudiantes y el distanciamiento social no es posible. Además, el lavado de manos depende del estado de los servicios higiénicos de cada escuela, los cuales son, mayoritariamente, precarios.
También debe considerarse que las condiciones climatológicas de la costa, de la sierra y de la selva son distintas; el inicio del año escolar debe darse según las características de cada una.
En este contexto, es preferible que este año la educación continúe siendo virtual, mientras se convoca al Colegio de Ingenieros, al de Arquitectos y a Defensa Civil de cada región para verificar, en no más de 60 días, las condiciones estructurales (país sísmico), sanitarias, de seguridad y conectividad a internet de cada escuela.
A partir de esta base de datos se debe seleccionar a no menos de un 80% de escuelas que cumplan con las condiciones mencionadas. El 20% restante deben ser remodeladas, reconstruidas o reubicadas en los lugares que hagan falta.
Por estas razones, propongo una educación mixta, donde la modalidad presencial se desarrolle en 2 grupos intercalados de 3 días a la semana, en jornadas de 8 horas diarias; lo que daría un total de 24 horas presenciales, igual que antes de la pandemia. El Grupo 1 asistiría: lunes, miércoles y viernes; y el Grupo 2: martes, jueves y sábado. Con esto se lograría reducir al 50% la cantidad de estudiantes por aula, y contribuiría a asegurar el distanciamiento social. La modalidad virtual se daría 2 días a la semana, con jornadas de 5 horas que, sumadas a las 24 horas presenciales, dan 34 horas a la semana.
Esto significa un incremento efectivo de calidad y cantidad de horas en clase del 40%, y debe estar acompañado de un aula virtual interactiva, que cuente con videos, animaciones, guías y evaluaciones automatizadas que permitan medir cómo va el aprendizaje a nivel nacional y local, de forma fácil y actualizada.
Un factor importante en la educación de todo niño es la alimentación. Para asegurarla se deben brindar desayunos y almuerzos altamente nutritivos que se entreguen en los colegios y, en los días de educación en casa, de manera focalizada en zonas de pobreza y pobreza extrema, a los estudiantes que reciban clases virtuales y a las madres gestantes, valiéndose de los programas como Qali Warma o los comedores populares, entre otros.
Una educación de calidad necesita de locales seguros, conectividad y equipos digitales para estudiantes y docentes. Para ello se requiere de un viceministerio de ciencia y tecnología en educación. No es necesario un nuevo ministerio: la tecnología es transversal a todos.