¿Por qué no tienen oxígeno nuestros hospitales? En plena pandemia mortal, la gestión Sagasti, fiel defensora de Vizcarra, sigue asfixiando a decenas de miles de peruanos.

No es la primera crisis que, por falta de oxígeno en los hospitales, mata a decenas de miles de nacionales. Ocurrió en la primera ola de contagios, entre abril y julio de 2020, cuando el pan de cada día eran las portadas de algunos diarios, televisoras y radios –además de las redes sociales- informando el drama de atribuladas familias recorriendo calles y plazas en forma desesperada, en busca de balones de oxígeno para llevarlos a los hospitales del Estado, adonde agonizaban sus parientes ahogándose por carecer de este elemento indispensable para subsistir. En esos momentos los escasos medios de prensa que denunciábamos el crimen social que perpetraba el presidente Vizcarra -en unión de su trotskista exministro de Salud Zamora, la inepta y tramposa entonces funcionaria del sector Salud Mazzetti, y la aún presidente de EsSalud Molinelli- ponían los pelos de punta a la sociedad. Desde abril 2020, la prensa independiente batallaba contra el abyecto Vizcarra criticando su maldad por no equipar los hospitales públicos con suficientes plantas de oxígeno, camas UCI, respiradores mecánicos, etc. Vizcarra sabía -por la experiencia que ya vivían las naciones del resto del mundo ante el re contagio de covid- que aquel equipamiento sería la única salvación para el pueblo, mientras no se descubriese la vacuna contra la peste. ¡La primera ola de contagios ocurrida en el Perú provocó alrededor de 40,000 muertes! ¿Cuántos de esos peruanos pudieron haberse salvado, si el miserable Vizcarrata se hubiese ocupado de equipar los centros hospitalarios del Estado, en vez de abocarse a fomentar el odio, a generar fantasmas opositores y a exaltar mayores pendencias y peores hostilidades entre los peruanos? ¡Por cierto, Vizcarra jamás se daría por aludido! Igual hicieron el trotskista Zamora y la vil Mazzetti. Ninguno asumió la culpabilidad que les tocaba por haberle causado la muerte (por desidia, abulia o por maldad) a miles de compatriotas.

Pero como la perfidia del miserable Vizcarra no tiene límites, estando enterado de que, en julio 2020, ya se anunciaba una segunda ola mundial de contagios, él y la entonces ministra de Salud Mazzetti se abocaron a trapichear con los chinos una compra secreta de la vacuna. ¡Y a hacerse vacunar ellos mismos! ¡En lugar de negociar, de manera transparente, con los siete u ocho acreditados fabricantes internacionales de vacunas, para abastecernos del antídoto al plazo más breve! Aunque además debieron adquirir, en forma intensiva, plantas de oxígeno, respiradores mecánicos y camas UCI para reequipar el sistema de Salud, de modo que ningún peruano contagiado quedase sin ser atendido por falta de oxígeno, elemento crítico para salvar vidas. Sin embargo, Vizcarra y Mazzetti se enfrascaron en traficar con los chinos la compra-venta secreta, exclusiva y tramposa de la vacuna más ineficiente y más costosa del planeta, sin importarles dejarnos sin oxígeno y respiradores suficientes, exponiendo a centenares de miles de peruanos a una muerte segura.