Hoy el Congreso elegirá a los integrantes de la Mesa Directiva. Es sin duda una elección que marcará el perfil ideológico del presente Parlamento. Dentro de las características en que se ha desarrollado la proclamación del señor Pedro Castillo del partido Perú Libre y la división del país, lo políticamente correcto es que la presidencia del Parlamento no caiga en un congresista de su agrupación partidaria. Lo ideal sería que la presidencia del Parlamento recaiga sobre alguien que pertenezca a una bancada distinta y también que no sea a fin al partido de gobierno. La razón es sencilla, el Parlamento tiene que estar representado por el otro cincuenta por ciento del país cuya simpatía no está con el presidente del gobierno. De esa manera, podría cumplirse un control político efectivo y llegar al ansiado equilibrio de poderes.
Una presidencia del Congreso en manos de un partido opositor al gobierno tendría también efectos positivos en la población ya que ésta la percibiría como una institución que rompe con el absolutismo del poder y con ello se generaría la percepción de mayor democracia y de estabilidad política en el país.
Si el gobierno realmente desea un clima de gobernabilidad en la nación, debería repensar la posibilidad de presentar una lista de miembros de la Mesa Directiva en el Congreso y así el país recibiría un mensaje de desprendimiento y de que realmente el gobierno desea un equilibrio y paz política.
El escenario de un parlamento fragmentado en nueve grupos políticos hace que el presidente del Congreso sea más que todo un coordinador. El presidente por sí mismo representa al Parlamento y tiene atribuciones en los aspectos administrativos, pero no es quien tendrá las riendas del manejo político congresal. Los órganos como la Junta de Portavoces, por excelencia el órgano político de coordinación es quien tendrá a su cargo la responsabilidad de llegar a los acuerdos necesarios para que el Congreso funcione y no caiga en “puntos muertos” de inacción. Es importante tener en cuenta que el presidente del Congreso es el primero entre sus iguales y si éste es del partido de gobierno podría generar percepciones de manejo de poder absoluto y problemas que se verían reflejados en la ilegitimidad de los actos gubernamentales.
La concentración del poder dado la actual coyuntura es dañina para la salud política del país.

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