El 2020 ha sido un año complejo y difícil, de reconfiguración mundial de la vida social, la economía y la valoración misma de la efectividad de la democracia frente a retos mayúsculos como una pandemia. Los modelos políticos cerrados asiáticos parecen haber llevado el asunto con efectividad y bastante tecnología; también en otros puntos del oriente como Taiwán el resultado ha sido bueno. Sin embargo el enfoque democrático puramente “occidental” parece haber tenido más problemas. La covid-19, hecho determinante de este año que se va, analizado en las siguientes décadas sin duda hará palidecer al “crack del 29”, del siglo pasado. Estamos ante un cambio de era.

Naturalmente la gestión de esta realidad ha sido diversa en el mundo, como anotábamos. Lamentablemente la de Perú ha sido de las peores en el mundo, sino la peor; con un nivel de fatalidades que seguramente debe bordear hoy las 100 mil y un impacto en el PBI y en el empleo brutal. El responsable fundamental es el ex presidente Vizcarra y su equipo sanitario, con especial atención en Víctor Zamora, Pilar Mazzetti, Fiorella Molinelli y Farid Matuk; la mitad de ellos entusiastas creyentes en la izquierda marxista. Lamentablemente el gobierno de transición encabezado por Francisco Sagasti no ha corregido el rumbo -incluso manteniendo en el Minsa y en EsSalud a Mazzetti y Molinelli respectivamente- y el impacto de la inminente segunda ola será mayor a la que debió ser con tantos meses de posibilidad de preparación.

Este año, que se inicia en pocos días y será el del bicentenario, debiera estar marcado por el diálogo social que se enfoque en empezar a resolver la agenda social postergada por 10 años de estilo decadente, caracterizados por el gasto social sin resultados, en el endeudamiento externo, por el despilfarro de los recursos públicos en publicidad estatal en medios de comunicación y consultorías en gran medida inútiles. Esto aderezado con la sujeción del Estado peruano a los intereses de unos pocos oligopolios y del esquema de construcción brasileño y sus consorciadas nacionales nos han llevado a un escenario de avance de la pobreza y decrecimiento del empleo.

Para salir de este estancamiento urge planificar como meta la recuperación del empleo digno. Para ello necesitamos en el Agro capacitación, tecnología y crédito, acompañamiento y asesoría en la búsqueda de mercados y en la asociatividad. En las Mipymes necesitamos una política agresiva de compras estatales, además de un régimen especial para las empresas familiares, sumado a capacitación y acompañamiento permanente, con un FAE Mype más eficiente y grande. En la construcción requerimos relanzar programas efectivos en torno a la infraestructura popular como “piso digno”, muros de contención, pistas, veredas, gran parte de este esquema ejecutado a través de los llamados “núcleos ejecutores”. Tres o cuatro medidas para la pesca mediana y artesanal. También un esquema práctico y realista de “formalización popular” del comercio informal y la pequeña minería. Si a esto le sumamos el asunto del mediano plazo: grandes proyectos de infraestructura a esquematizarlos en 5 años, grandes proyectos mineros, no perder el paso en el tema agroindustrial, mejorando las condiciones laborales, habremos empezado a avanzar en el camino. Sin ello, será un tercer quinquenio perdido.

Naturalmente esto pasa por elegir bien en abril de 2021, no vote por la continuidad. Un feliz año 2021 a todos los lectores de Diario Expreso, una de las pocas tribunas auténticamente libres.