POR UNA FILOSOFÍA CONSTRUCTIVA

POR UNA FILOSOFÍA CONSTRUCTIVA

Algunos estudiosos de la historia de las ideas políticas podrán reconocer al autor de esta frase, cuyo mensaje hoy día es más necesario que nunca. De algo debemos estar absolutamente seguros: el Perú se encuentra solo en el mundo y debe enfrentar sus problemas con sus propios recursos. Podrá decirse lo mismo de todos los países del mundo, en particular los que enfrentan una agresión nuclear en sus fronteras.

El Perú afortunadamente no tiene ese tipo de problemas y vivimos una era de paz externa, pero no de paz interna reflejada en los enconados ánimos de nuestra política doméstica. Esa enemistad debe ser superada en aras del desarrollo del país. Debe tenerse en cuenta nuestra actual situación económica que tiene algunos aspectos positivos. Paso a enumerarlos: 1) la disminución gradual de la pobreza extrema; 2) la recuperación del volumen y monto de nuestras exportaciones del 2017, del orden de los 44 mil millones de dólares; 3) el crecimiento sostenido de nuestro PBI en tasas modestas del 2 % al 3 % en los últimos años, pero que implica en el tiempo una mejora sostenida; 4) el fortalecimiento del sol frente al dólar que tiene efectos positivos y negativos, pero que nos aleja de las traumáticas devaluaciones de otros años; 5) la recuperación de nuestras reservas internacionales a un nivel superior a los US$ 64 mil millones; y 6) el bajísimo crecimiento del costo de vida experimentado el año 2017.

Frente a estos factores positivos existen importantes nubarrones que deben ser considerados: 1) estancamiento de los ingresos tributarios en una tasa del 13 %; 2) creciente déficit fiscal como consecuencia de lo anterior que se estaría cubriendo con mayor endeudamiento externo; 3)  escaso crecimiento del empleo formal; 4) disminución de la producción petrolera a niveles de los años 60; 5) altísima inversión estatal en proyectos de baja o ninguna rentabilidad financiados con deuda externa; y 6)  mantenimiento de subversión narcoterrorista en el Vraem.

El Perú no se cae, pero si puede deteriorarse peligrosamente con la violencia verbal, que ahora es moneda corriente en nuestro diálogo político y que manifiesta una degradación del lenguaje. Ese fenómeno también se aprecia en los gestos que se ven a diario en el Congreso. A lo que debemos agregar imaginarias declaraciones de guerra a partidos políticos representados en el Poder Legislativo. Todo ello es absurdo y debe evitarse en aras del país.