Porque cada día es un comienzo nuevo

Porque cada día es un comienzo nuevo

En su Tercer libro de las Odas, el gran Neftalí Reyes, más conocido por su seudónimo literario “Pablo Neruda”, nos regala la “Oda al primer día del año”, en la que describe al 1 de enero como una “pequeña puerta de la esperanza” y un tronco del que “las hojas salen verdes”. El genial Jorge Luis Borges dejó a la posteridad su poema “Final del año”, en el que cavila sobre el enigma del tiempo afirmando “es el asombro ante el milagro/ de que a despecho de infinitos azares,/ de que a despecho de que somos/ las gotas del río de Heráclito,/ perdure algo en nosotros:/ inmóvil”. Sin duda, el misterio por el cambio de calendario, nos acompañará siempre.

En el Perú, a pesar de haber cerrado el 2021 con una tasa de crecimiento superior al 12%, al menos un 10% correspondería según los expertos, al efecto rebote que se esperaba observar al menguar la incidencia del COVID-19 sobre el consumo. En 2022 se espera un magro crecimiento de la economía peruana de apenas 3.4% según el BCR. 0% para la inversión privada y 4.5% de incremento de la inversión pública, como resultado de un mayor gasto en obras de reconstrucción y proyectos del Plan Nacional de Infraestructura para la Competitividad. El presidente Castillo afirmó que algunos de los objetivos de su gobierno en 2022 serán contener la pandemia, acelerar la recuperación económica y afianzar la institucionalidad y gobernabilidad del país.

Es evidente que, si seguimos con el pavoroso ruido político que ha arriconado al gobierno, en una condición de zozobra permanente, la economía y el propio marco institucional peligran. Con ello, cualquier proyección, por negativa que ya parezca, podría envilecerse a niveles insospechados. La trascendencia de la hora implica cambios radicales para la transparencia en el manejo del Ejecutivo, abandonar pretensiones políticas inconstitucionales y dirigir los empeños hacia el fomento a la inversión, el empleo, la salud, la seguridad ciudadana y la integración nacional. Por su parte, el Congreso debería, sin abandonar su obligatoria función fiscalizadora y de control político, impulsar una agenda legislativa que consolide los grandes objetivos nacionales, corregir las inequidades que subsistan en el país y estar vigilante ante cualquier tentación totalitaria. Si no ocurre ello, se estaría decapitando irremediablemente al sistema democrático.

2022 ha sido declarado por las Naciones Unidas como Año Internacional de la Pesca y Acuicultura Artesanales (AIPAA), para dirigir la atención del mundo a la función de pequeños pescadores, acuicultores y trabajadores de productos hidrobiológicos en seguridad alimentaria y nutrición, la erradicación de la pobreza y el uso sostenible de los recursos naturales. Nuestro país debería estar a la altura de esta nominación, y comenzar a saldar la deuda que mantiene con los hombres de mar, comenzando por concluir su formalización tantas veces postergada, así como su incorporación al mercado, al crédito y demás derechos. Precisamos reformular nuestras políticas para que la promoción de la acuicultura sea algo más que un enunciado vacío, y que la industria atunera no siga siendo demolida por el Estado que dice propugnarla. Que el combate contra el hambre tenga en el mar su fuente de soluciones, y que no culmine una nueva vuelta al sol retrocediendo más de lo que se prospere.

Me quedo con los versos del extraordinario poeta uruguayo Mario Benedetti en “No te rindas”, cuando nos convoca a mantenernos en la ilusión diciendo: “Porque cada día es un comienzo nuevo,/ Porque esta es la hora y el mejor momento”.

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