El debate actual de que los privados puedan comprar vacunas no tiene sentido en la medida de que hasta ahora es casi imposible. Otra vez lo que debería ser un intercambio de ideas productivo, se convierte en un sainete ideológico donde la cereza de la torta la ponen la derecha antivacuna, plegados con una gran ostra a ese debate. Los comunistas del gobierno morado de Sagasti y los candidatos rojos como Arana, Mendoza y Lescano argumentan que los ricos no se pueden vacunar con su plata sino esperar a que les llegue su hora (literalmente), en que el Estado esté en capacidad de hacerlo. Mientras, hasta ahora no existe ninguna certeza de que hayan contratado con los grandes laboratorios occidentales, pese a toda la cháchara de Sagasti y Bermúdez, cuyo único fin es crear confusión apañados por la prensa basura. Y como ningún contrato puede hacerse “público”, entonces existe la excusa perfecta para decir lo que les da la gana sin temor a ser escrutados por nadie. Lo cierto es que no hay vacunas disponibles más que el ripio que ha llegado de China, bajo sospecha de corrupción del lagarto Vizcarra y de sus sucesores del gobierno morado de Sagasti.

Esto no quiere decir, sin embargo, que la solución la tenga el sector privado como se ha empecinado en vociferar alguna derecha sin ton ni son. Es obvio que pueden criticar la posición comunista y corrupta del gobierno de Sagasti cuyo principio confeso y expreso es igualar a todos para abajo, esto es, para la tumba, no importa si vives en San Isidro o pernoctas en Pamplona Alta. Lo que sí es absurdo es que se gasten energías en poner al sector privado como la solución a un problema que hoy no puede solucionar. Primero porque los grandes laboratorios occidentales no le van a vender ni una vacuna a un laboratorio o empresa privada peruana o chilena o ecuatoriana, por poner a nuestros vecinos de ejemplo. Y esto porque ya tienen toda su producción comprometida con los Estados que en el mundo se están encargando de vacunar a sus súbditos con éxito aparente. En pocas palabras, no hay manera de que un privado importe vacunas occidentales para paliar la crisis de este producto en el Perú, que solo se resolverá cuando el Estado peruano contrate con los grandes laboratorios privados mundiales los volúmenes necesarios a los que hemos llegado, por culpa del lagarto Vizcarra y su cuchipanda con los chinos, demasiado tarde. Se habla de la vacuna rusa que, a diferencia de las occidentales (ojo que no está acreditada por la FDA ni su homóloga europea), sí podría ser importada por los empresarios privados.

Pues si esto es así, que las importen y que el Estado a través de la Digemid les dé todas las facilidades a los privados. Y asunto terminado. El problema es que no creo que ello suceda, ¿o acaso ustedes han conocido la noticia de que en los países donde se está vacunando con la vacuna rusa lo están haciendo los privados? Finalmente, quienes deberían estar al margen del debate y que son los que más se rasgan las vestiduras por el tema, son los de derecha antivacunas cuyo cerebro está formateado como el del congresista comunista Posemocrowte Chahua, que cree que la vacuna contra la covid-19 va a cambiar el ADN de los vacunados. En fin, esos no tienen vela en este entierro.