El 13 de enero de 1872 el general de división del ejército de Chile y coronel peruano en el exilio Mariano Ignacio Prado, arrienda en Arauco el fundo “La Higueras” dando inicio a su más importante inversión en minas de carbón en el sur chileno.

El 5 de marzo de ese mismo año, Prado otorga poder a Federico Gredzen para que inscriba el arriendo para la explotación de carbón del fundo Maquehua, haciéndolo el 13 de mayo y el 29 inscribe la sociedad de minas de carbón de Carampangue, la cual estaba compuesta por la explotación de tres fundos, Maquehua, Quilachanquín y Colico. Sus socios entre otros eran Juan Weelwright sobrino del dueño de Pacific Steam Navigation Company; Carlos von der Heyde, su concuñado y testaferro; el Barón de la Riviere, un francés sin escrúpulos que la historiografía boliviana lo estudia negativamente y entre otros los banqueros Nicomedes Ossa y Hortensio Escobar. El mayor porcentaje de la compañía lo tenía Prado más el porcentaje de von der Heyde que les permitía su dominio total.

El 19 de julio de 1872 la Sociedad otorga poder a Pablo Neuenborn para proyectar un ferrocarril en las minas de carbón, así como su explotación. Y el 10 de agosto se le otorga poder para incluir al fundo Colico en la empresa, inscribiéndose el negocio el 20 de agosto.

El 8 de noviembre de 1872 el directorio de la Sociedad, otorga poder a Carlos von der Heyde y C° (empresa del concuñado de Prado) para que la administre, y el 10 de noviembre de 1873 la Sociedad otorga poder a Von der Heyde para que la represente en juicios. En este año justamente se le declara en quiebra y en el remate el general Prado adquiere el 100% de la sociedad convirtiéndose en el accionista mayoritario junto a su concuñado quien se quedó con un pequeño porcentaje.
El 11, 12 y 14 de febrero de 1876 Prado y Von der Heyde suscriben escrituras públicas en Valparaíso para consolidar su dominio en la Sociedad. Y el 9 de junio de ese año integran el fundo de Quilachanquin para la explotación de carbón
Tres años más tarde, la sucesión Delano, vende a Prado el 25 de enero de 1879 el fundo Maquehua, que es inscrito el 31 de ese mismo mes en Arauco.
Declarada la guerra entre Chile y Perú, Prado mantiene su empresa al cuidado de su concuñado Carlos von der Heyde quien delegó todo a su hijo Alejandro el 26 de mayo de 1879 y este hizo lo mismo al dar poder a Pedro P. Martínez para que sean administrados todos los negocios de la familia, incluida la Sociedad.

A su regreso a Chile en 1880 Von der Heyde está otra vez al frente de los negocios, y el 27 de diciembre compra con poderes otorgados por Prado terrenos para los almacenes y bodegas de su ferrocarril; los vendedores que eran la familia Cousiño aceptan el dinero para que sea destinado al hospital de Lota a aliviar a los heridos de la guerra. El 16 de julio de 1881 el abogado Vicente Santa Cruz compra acciones de la Sociedad, quien mucho después es nombrado Ministro Plenipotenciario de Chile en Lima. y el 28 de octubre de ese mismo año Mariano Necochea es el nuevo representante de Prado para sus negocios en Chile. Con todo lo dicho, se demuestra que las minas nunca fueron abandonadas, y continuaron produciendo carbón.

Durante febrero de 1882, Prado amplía su ferrocarril y realiza cinco escrituras públicas donde se adquieren más terrenos, en plena guerra con Lima ocupada, Chorrillos saqueado y con Cáceres resistiendo en la sierra. Y el 6 de agosto de 1886 Prado cede el 50% de la Sociedad a su concuñado y testaferro Carlos von der Heyde.

El 19 de noviembre de 1888 en Colombia, Prado otorga poder a Segundo Molina para que lo represente en el proceso de Juan Herrera sobre las utilidades no gozadas producidas por las minas de Colico. El 24 de diciembre de 1888 se levanta la hipoteca sobre las minas de carbón de Carampangue y al fin, el 27 de diciembre de ese año, Prado y von der Heyde venden la Sociedad por la astronómica suma de 175,000 libras esterlinas a la Compañía de Arauco Ltda. cuyo dueño era Thomas North, el conocido “rey del salitre”.

Con este sustento documental fundamentado en escrituras públicas otorgadas en Chile, encontradas y publicadas por primera vez en “El Expediente Prado” sus alcances se mantienen firmes. Cuando salga mi segunda edición corregida y aumentada, demostraré también con documentos que ese dinero proveniente de sus negocios en Chile que se incrementaron durante la guerra, fue invertido en el Perú, aprovechándose de la necesidad de un pueblo arruinado por la guerra.