Si algo caracteriza a las ideologías de izquierda es mirar hacia al pasado y detenerse allí. Viven pensando las ideologías del siglo XIX y sin aplicar la dialéctica a esos mismos conceptos que generarían una evolución cualitativa al pensamiento marxista. Ellos, tratan de aplicar la ideología como un corsé a la realidad, cuando es la realidad la que debe aplicarse a las ideologías.
Si observamos las corrientes de izquierda en América Latina, escucharemos “chavismo”, “kirchenismo”, “castrismo”, etc., es decir un “ismo” para cada pensamiento comunista, cuando a las personas en su mayoría nos interesa el “pragmatismo” para la solución de los problemas que nos aquejan.

La diferencia entre la izquierda y la derecha no radica en las ideologías sino en el enfoque para solucionar los problemas actuales de toda sociedad; mientras los primeros se la pasan pensando en el pasado y mostrando el símbolo de la “hoz y el martillo” sobre una tela roja, que obedece al viejo pensamiento marxista, los segundos dan muestras de modernidad y fijan su mirada en el futuro.
¿Se imaginan al Japón pensando en el hecho lamentable del bombardeo a Hiroshima y Nagasaki o a los alemanes deteniéndose en el pasado luego de haber tenido su nación dividida luego de la segunda guerra mundial? Jamás hubieran retomado las relaciones diplomáticas y menos económicas para poder ser países desarrollados.
Ellos aplicaron el “pragmatismo”, no se detuvieron en la historia y menos alimentaron los odios y rencores. Ellos vieron el futuro y no el pasado, porque se preocuparon en darles a sus sociedades educación e infraestructura para el crecimiento y desarrollo.

Lo mismo pasa en la China, que mantiene un disfraz comunista, pero que son los primeros en aplicar el “pragmatismo” en su sistema económico, convirtiéndolos en una potencia mundial.
¿Por qué el pensamiento “pragmático” no penetra en la sociedad peruana? ¿Por qué las ideologías anticuadas siguen teniendo receptividad en el Perú? Quizás no exista una sola respuesta para estas preguntas, pero una de ellas está ligada a la carencia de una educación moderna y de mirada hacia el futuro.
Si yo tuviera hijos en el colegio, no me gustarían profesores como el señor Pedro Castillo. ¿Se imaginan 50 mil profesores como él dando clases en las escuelas? No lo pongo como ejemplo sólo por su ideología comunista sino porque deja mucho que desear como profesor. Mientras él propugna el resentimiento y el pasado, otros pregonamos la unión y la modernidad.

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