Queridos hermanos, estamos ante el Domingo III de Cuaresma ¿a qué nos invita hoy la Palabra? La primera lectura está tomada del libro del Éxodo donde Dios nos presenta la Ley, su Palabra, los 10 mandamientos, que es la ley natural. Y Dios se presenta: “Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud. No tendrás otros dioses frente a mí.” Es decir, “Yo soy el único”. “Yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo el pecado de los padres en los hijos”. Esto quiere decir, hermanos, que si nos salimos de Dios experimentaremos la muerte. Dios corrige al hombre. Esta pandemia, ¿es un castigo de Dios? No, Dios nos está corrigiendo porque Él es nuestro Padre y nosotros somos sus hijos. Él nos invita a santificar el sábado, que, para nosotros, los cristianos, sería el Domingo, día del Señor. Y lo santificamos yendo a Misa, escuchando su Palabra, que nos ayuda a hacer su Voluntad, no la nuestra, nos ayuda a no pronunciar su Nombre en falso. Su Palabra nos santifica, nos mueve a honrar a nuestro padre y a nuestra madre, a no abandonar a los ancianos en los asilos. Nos ayuda a combatir contra el paganismo, la ideología de género, la eutanasia; con toda esta cultura de la muerte que lo que busca es evitar el sufrimiento; y sin embargo Dios nos invita a no matar. ¡Cuántas veces hemos matado, adulterado, codiciado; en nuestros corazones! Y sin embargo Dios nos invita, en definitiva, a no vivir en la mentira como hijos del demonio, padre de la mentira, y nos invita a ser hijos suyos, a vivir en la Verdad, que es Cristo, su Palabra hecha carne por nosotros.

Por eso respondemos con el salmo 18 que dice: “Señor, tú tienes palabras de vida eterna”. Escuchemos al Señor, sigamos su camino, su Ley, su voluntad. Dejemos que Él nos instruya y entraremos en su descanso, porque su Voluntad es pura y eternamente estable, no es como nosotros de inconstantes. Su Voluntad es más preciosa que el oro, que todas las riquezas, más dulce que la miel. Dios se nos presenta como el Dios de la Vida.

La segunda Palabra es de san Pablo a los Corintios y nos dice que: “los judíos exigen signos”, los religiosos naturales piden señales a Dios, los griegos, los intelectuales, buscan razonamientos. También nosotros discurrimos en nuestros razonamientos sobre la vida, sobre el mundo, y hemos reducido nuestra vida a la técnica. “Nosotros predicamos a Cristo crucificado” que es escándalo para los religiosos naturales que cumplen el rito sin darle el corazón a Dios; y necedad para los que idolatran su razón. Pero ¿qué es la cruz? Dios nos ha elegido, nos ha señado con la cruz y nos ha hecho descubrir que la cruz es la fuerza y la sabiduría de Dios.

Cristo, hermanos, ha aceptado la cruz. De camino a Jerusalén nos ha mostrado que nuestra fuerza está en Dios, en aceptar la cruz. Pidámosle al Señor aceptar nuestra cruz, porque “lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres”. El hombre, sin la cruz, es un infantil. Esto hemos hecho con nuestros hijos: les hemos quitado la cruz, el sufrimiento, y nos les hemos enseñado a cargar con ella.

Pero Dios, hermanos, nos quiere donar la Vida eterna. Aprovechemos esta oportunidad que Dios nos da al darnos su Palabra. Leámosla, escuchémosla, entremos en una intimidad con ella; y Dios hará con nosotros los que Cristo hizo con el templo.

El Evangelio de san Juan nos dice: “En el templo se encontraban “vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y los cambistas sentados.” Habían hecho de la casa del Padre, un mercado. ¿Acaso no hemos convertido nuestro interior en un mercado? Te doy esto, le dices a Dios, a cambio de este favor, de este “milagro”. Nuestra relación con Dios no debería de ser la de un comercio. Él sólo quiere que le entreguemos nuestros pecados para transformarlos; en esto consiste el celo de Jesucristo. “El celo de tu casa me devora” ¿cuál es la casa de Dios? El hombre, a quien quiere donarle el amor a Jesucristo, el amor a la Palabra de Dios, el amor a la Iglesia, a la comunidad cristiana. Tu y yo necesitamos de la Iglesia de la comunidad para transformarnos, y ¿Qué signos muestras para obrar así?, y dice Jesús: “Destruid este templo y en tres días lo levantaré”, es decir, los judíos no entienden nada porque cuarenta y seis años se han demorado en construir el templo y tú lo vas a levantar en tres días, Jesús se refiere a la Resurrección, es decir el templo que Dios ha hecho para el hombre, es tener resurrección, tener vida eterna pero hay que pasar por la cruz, por eso termina diciendo el Evangelio: “muchos creyeron en su nombre viendo los signos que hacia; pero Jesús no se confiaba porque sabía lo que hay dentro de cada hombre”, nosotros no sabemos lo que hay dentro de nosotros, dentro de nosotros hay pecado, por eso Él es el cordero de Dios que quita los pecado del mundo, y este es el celo, el celo por mi casa me devora, es decir hoy Dios nos está buscando a colaborar con él a anunciar la buena noticia, porque hay mucha gente que está destruida, porque Él ha dado la vida por nosotros. Ánimo conviértete y cree en el Evangelio y experimentaremos la resurrección y la vida eterna en nuestro corazón.

Que Dios os bendiga.