Es muy alarmante el método silente que aplica el presidente Castillo para gobernar. En primer término, mantiene desconcertada a la población, desubicado al gabinete y paralizado al Estado. Tras retornar después de una gira por Norteamérica –de la cual ha sorprendido su encuentro subrepticio con el tirano Maduro, revelado por el mismo dictador venezolano poniendo en entredicho al tradicional profesionalismo diplomático peruano– su silencio creó tal remesón en los corrillos de Torre Tagle que puso contra la pared al viceministro de RREE Enrique Chávez. Ahí no queda la cosa. A lo largo de la semana que ya termina, hubo incesante rumorología sobre la renuncia del premier Bellido. Destacó también el avance de la organización de una constituyente santificada por ONPE, organismo presidido por un sujeto cuestionadísimo de apellido Corvetto. Iniciativa que choca con los discursos pronunciados por Castillo, tanto en Washington (OEA y Amcham) como Nueva York (ONU). De otro lado, el gobierno ha sudado frío pretendiendo mantener ilegítima, sospechosamente el cadáver del genocida guzmán. Finalmente, luego de trece días de muerto ayer acabó cremado. Asimismo la situación económico-financiera nacional sigue recalentándose. Tanto es así que ayer trascendió que abrumado por la disparada del dólar y el alza de precios, el presidente Castillo habría ratificado a Julio Velarde en calidad de presidente del BCR; aunque faltaría conocer la nómina de directores que nombrara el Ejecutivo y el Parlamento. Para enredar aún más las cosas, la semana que finaliza estuvo signada por un draconiano blitskrieg contra la prensa independiente, lo que demuestra un avance consistente y radicalizado de la gestión Castillo, distanciándose del imperio de la democracia y el Estado de derecho que, desde EEUU, prometió resguardar. Torpedo que debe haber reverberado en esos lujosos salones y comedores estadounidenses adonde Castillo remachaba no ser comunista ni terrorista, ni tener intención de controlar los medios. En resumen, hemos vivido siete días del revelador avance del comunismo/senderismo que engendra este peligroso gobierno, encubierto por el enfermizo silencio –en todos los escenarios– que guarda el mandatario. ¿Conclusión? ¡Las cosas se han puesto tan mal, que ya parece que es el próximo año!
¿Qué confianza podría tener un sector privado –local/extranjero– tan confundido por el secretismo de Castilla; por la amenaza comunista; por el caos absoluto en que se encuentra nuestro Estado –consecuentemente la ciudadanía entera– gobernado por una banda de agitadores politiqueros marxistas, apuraditos por implantar sus intereses totalitarios para convertirnos en unas versiones andinas de Cuba o Venezuela? ¿Qué inversionista privado, nacional y extranjero está dispuesto a arriesgar su capital en una nación que avanza rumbo directo al desastre? ¿Con qué recursos contará un régimen atestado de extremistas, para poder gestionar nuestro país amenazado por la covid; la trepada del dólar; la disparada del costo energético (combustibles y asimismo electricidad); la carestía general, camuflada con subsidios pagados con impuestos que deberían financiar el desarrollo sostenible? Asimismo, ¿cómo solventar la esperpéntica falta de agua y alcantarillado que solivianta la indignación de los menesterosos, etc.?
Indigna que semejante coyuntura la maneje una banda de impresentables, fanatizados comunistas, empíricos como gobernantes.

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