Hace algunos años, conversando con mi padre sobre las diferentes situaciones que él vivió en su juventud versus las que a mí me estaban tocando vivir con relación a la economía propia del país, las ventajas que nos ha traído la tecnología, la globalización y demás detalles que hace a mi generación ser “favorecida” frente a la suya, recuerdo la descripción que me dio del momento en que por decisiones tan equivocadas del entonces presidente del Perú, todas las condiciones de vida cambiaron.

Definitivamente los 80 e inicios de los 90 fueron años que marcaron a toda una generación, las colas para comprar por la gran escasez de oferta, el desempleo creciendo de manera incontrolable, la inflación que subía diariamente, el toque de queda y la inseguridad social, quedarán siempre en la memoria de quienes las vivieron. Recuerdo mucho a mi papá diciéndome en ese momento, “si eso sucede ahora, te aseguro que ustedes no sabrían qué hacer”, y la verdad es que en ese momento tenía razón, y no sólo eso, estoy seguro que él sí sabría qué hacer si algo así se vuelve a presentar (claramente espero que nunca sea necesario comprobarlo), el punto es que por más dura que haya sido una crisis, de volverse a presentar, debemos tener claro un camino a seguir.

El año pasado ha sido sin duda una maratón de aprendizajes, tanto para empresarios que afrontamos la pérdida de uno o más negocios, como para trabajadores que perdieron el trabajo; más allá de todas las restricciones sociales y los nuevos hábitos de relacionamiento interpersonal, todo ha sido un proceso de readaptación. En este camino, donde no teníamos certidumbre de nada de lo que vendría dos semanas por delante, tuvimos que empezar a asumirlo como una nueva realidad así tomar acciones para salir adelante. Como empresario, me tocó reinventar mis canales comerciales (el manejo de comercio por internet se volvió obligatorio), reducirme a nivel de recursos fijos (tamaño de oficina, servicios, etc), prescindiendo de todo aquello que no sea crítico, revisar a detalle mis productos a nivel de costo y precio para ser mucho más competitivo, en general, me volví mucho más óptimo e identifiqué varios puntos de mejora en mi operación.

Estoy seguro que esta fue la realidad de muchos; hoy, a puertas de una posible segunda cuarentena, debemos estar más listos para enfrentarla, debemos haber aprendido a anticiparnos y sobre todo a continuamente innovar en nuestra capacidad de atención y respuesta al mercado. Un empresario no puede sobrevivir sin innovar y adaptarse. ¡Estemos preparados! Buena semana para todos.