Cada vez me convenzo más que el éxito para ser un buen parlamentario nace con la preparación. No de aquella que se hace faltando unos meses para tomar el cargo o de la que se hace en la campaña electoral, las cuales tienen otros matices.
La preparación consiste en tener los conocimientos suficientes para ejercer una materia o especialidad con éxito: no basta con leer a Sun Tzu para saber de estrategias, ni a otros autores clásicos que podrían ser nuestros inspiradores en el arte de la política. Los conocimientos pueden ser sobre cualquier disciplina que sirva para tomar decisiones técnicas y no demagógicas, pero que al realizarse generen bienestar social. Las decisiones políticas-parlamentarias trascienden al ámbito personal; son tomadas en grupo, pero son asumidas personalmente por lo que hay que saber comunicarlas.
Aquí entran al juego los conocimientos modernos de la política; donde el personaje se vuelve actor y asume roles que tienen que ver con su liderazgo y dotes persuasivas de encantador de multitudes y de seducción.
Hoy más que nunca el arte de la política es más arte y no fuerza física ni de imposición. A las audiencias hay que enamorarlas; la forma de hacer política se ha transformado desde los años 60 donde el debate entre Kennedy y Nixon, al ser transmitido por televisión por primera vez, hizo que el votante cambie su percepción de las ideas por las formas. Kennedy gana el debate para aquellos que lo vieron por televisión mientras que Nixon lo gana para aquellos que lo escucharon por la radio. Por televisión Kennedy lucía impecable y bronceado, mientras que a Nixon se le veía cansado y sudoroso.
Esto último nos debe hacer reflexionar sobre los tiempos en que vivimos: las campañas electorales y la forma de hacer política han cambiado. La técnica del contacto físico está en modo pausa, y ha dado paso nuevamente al contacto televisivo, pero a diferencia del siglo pasado tenemos que agregarle el internet.
Las nuevas generaciones son lectoras de imágenes, y hacia ellos tienen que dirigirse los que pretenden hacer política desde o fuera del parlamento.
Los que hacen política, desde cualquiera de los poderes o instituciones públicas, deben prepararse en el fondo (técnica) y en la forma (comunicación) no sólo para el éxito de sus gestiones, sino para que la población entienda mejor lo que hacen. En sencillo “hay que empaquetar mejor los mensajes”.