El nuevo gabinete lo preside Violeta Bermúdez, abogada especialista en temas como género, poblaciones vulnerables, paridad y alternancia. ¡Utilísimos para estos tiempos! De ministra de Defensa está Nuria Esparch. Como escribiera ayer el portal informativo Digital TV, “¿Qué hubiera ocurrido si el gobierno anterior hubiese nombrado a una ex gerente de Graña & Montero como ministra de Estado? ¿Alguien imagina a una ex gerente de Odebrecht como ministra en Brasil? En el Perú hay información que ya no escandaliza a nadie y que es tolerada mientras sea del grupo morado. La señora Nuria Esparch se desempeñó como gerente corporativo de Relaciones Institucionales de la corrupta Graña & Montero (aliada estratégica de la mega corrupta Odebrecht). Nadie se explica por qué esa información relevante no aparece en alguno de los medios que promovieron las marchas contra el gobierno de Manuel Merino. Ante tal nombramiento ya nadie protesta o reclama. Es normal ser de Graña & Montero y luego convertirte en ministro de Estado.”

Gabinete de consenso, llama la concentración mediática al que acaba de juramentar. ¡Consenso entre las izquierdas, sin duda! Pero las aspiraciones del presidente Sagasti y de su entorno no calzarían con la misión que compete a un gobierno de tránsito, que tiene cinco meses para gestionar de la mejor manera los principales riesgos que tiene la patria: el Covid que ya causó la muerte de 85 mil peruanos y tiene semiparalizada a la nación; y un melodrama económico de tipo operático. Aunque en simultáneo deberá investigar en qué condiciones recibió el Estado, luego de cuatro años y cuatro meses de administración letal por la dupla PPKi/Vizcarra. Y finalmente, el régimen Sagasti deberá administrar este país con calma. ¡Aunque con disciplina! Resulta indispensable que retornen la ecuanimidad y concordia para que el espíritu nacional se pacifique y armonice, de modo tal que las inminentes elecciones de abril 2021 sean oportunas, serenas, transparentes y libres. El tiempo restante –de abril a julio 2021- la gestión Sagasti debería abocarse tan sólo a concertar, de la mejor forma, la transferencia de mando hacia el gobierno que elijan los peruanos en abril 2021. Hasta aquí la labor que tocaría a un régimen transitorio -de emergencia, si se quiere- como el que hoy preside Francisco Sagasti. Si satisface estas pautas, el país sabrá reconocérselo y su figura como político quedará más que consolidada. De lo contrario, su paso por el poder no dejará de ser una aventura más que registrarán nuestros anales como el de alguien que quiso aprovecharse de una gravísima coyuntura política, social y económica para satisfacer apetitos personales.

Seamos claros. Un régimen temporal como éste -que está de salida- no puede ni debe imponerle al gobierno que elegirá nuestra sociedad en escasos cinco meses reformas de carácter sustantivo -ni siquiera cambios cosméticos al Estado- salvo enmendar las groseras fallas administrativas heredadas de Vizcarra, claramente en materia sanitaria y económica.

Apostilla. Nuestra solidaridad con Manuel Merino, Ántero Flores-Aráoz y Beto Ortiz, perseguidos por una Fiscalía al servicio del poder político.