El Festival Primavera Poética, como todo actividad cultural en el Perú, es una tarea quijotesca. Empezó hace ocho años, con otro nombre, otros objetivos y con el entusiasmo propio de los poetas. Se invitó a escritores peruanos y extranjeros, pasajes comprados, libros en imprenta, permisos otorgados. Todo iba bien. Sin embargo, la burocracia pudo más. Y les retiraron el permiso para realizar la actividad en Barranco. Estorbó, pero no los detuvo. La pandemia, tampoco.

Bajo la dirección del poeta Harold Alva, el Festival Primavera Poética ya culminó su primera etapa. En alianza con el programa Lima Lee de la Municipalidad de Lima, se ha editado a los 20 escritores, nacionales y extranjeros, que participaron en esta primera etapa. Los libros se han publicado en formato ebook y se pueden descargar gratuitamente. A través de plataformas como Zoom, se llevaron a cabo conversatorios entre estos autores y los lectores sobre las maneras en las que conciben su trabajo. Como dice Alva, somos distintos pero ya no distantes. Ya se presentó a los poetas que participarán de la segunda etapa, la cual inicia en unos días. La tercera, en agosto. Será un total de 66 autores entre peruanos y extranjeros de 17 países, 66 libros digitales de distribución gratuita (una gran biblioteca de poesía latinoamericana actual), conversatorios transmitidos en el Perú y en los países de los que provienen todos los invitados. En septiembre se llevará a cabo el VIII FIP Perú, Primavera Poética, con los 66 autores en el Perú.

Admirable, no solo por atreverse a continuar ante la pandemia, sino por este nutritivo intercambio de ideas y el espacio fraternal que los poetas construyen más allá de los absurdos rencores que sostienen las fronteras. Sin duda, ambicioso y esperanzador, como es el trabajo cultural en un país como este, en el que se abren los centros comerciales, pero no las librerías ni los museos, porque claro, no son tan importantes para las cifras, que poco o nada saben de lo que el espíritu requiere.