La vida es el fundamento de los derechos humanos y por eso mismo el derecho a nacer no puede supeditarse al de un tercero. El genial italiano Pier Paolo Pasolini, asesinado en 1975, escribió en una de sus columnas del Corriere della Sera que “la vida es sagrada: es un principio más fuerte todavía que cualquier principio de la democracia”, calificó la legalización del aborto como “legalización del homicidio”; y preguntaba: “¿Se puede pasar por encima la decisión de hacer venir o no al mundo a alguien que quiere decididamente venir?” Pasolini era ateo, comunista, anticlerical y un homosexual escandalosamente promiscuo, amén de notable escritor, poeta y cineasta.

Bajo ninguna lógica el aborto es un derecho, por eso los anti-vida manejan varias narrativas intentando de que alguna de ellas parezca razonable. Las feministas vociferan que el aborto es un derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, ocurre, sin embargo, que el niño por nacer no es “su” cuerpo. La destacada pensadora estadounidense Camille Paglia –feminista, lesbiana y atea– sostiene que el aborto es intrínsecamente violento pues “contrapone el más fuerte al más débil y sólo uno sobrevive.” Considera “repulsiva” la ligereza con la que la verdad –la vida truncada– ha desaparecido del debate para convertir “los derechos reproductivos” en un “instrumento ideológico utilizado sin escrúpulos para recaudar dinero y dirigir los votos.” Llegamos así al falaz argumento de los derechos reproductivos, invocados para lo contrario: no reproducirse.

Ahora usan “no más niñas madres”, como si el problema fuera el embarazo y no las violaciones que sufren a manos de familiares, incluidos sus padres. Fomentar el aborto con ese pretexto contribuirá a perpetuar el abuso contra las chiquitas, es más bien la violencia sexual que las afecta lo que debe erradicarse. El lema válido es “no más niñas violadas”, punto.

Desde la concepción, el cigoto, la génesis del ser humano, posee un ADN distinto al de sus progenitores, es un ser vivo intrauterino, único e irrepetible que en solo nueve meses lanzará su primer grito fuera del útero. La semana pasada el Senado argentino promulgó la ley del aborto hasta los nueve meses de gestación (si la madre o el bebé están en riesgo). La cultura de la muerte se expande.

El moradito Julio Guzmán se ha pronunciado a favor de la legalización del aborto en nuestro país; de hecho el gobierno morado de Sagasti tiene a la cabeza del gabinete a Violeta Bermúdez, conocida feminista y militante proaborto, distante a la izquierdista independentista y antisistema catalana Isabel Gómez, que considera al aborto “violencia patriarcal ejercida por mujeres”.

Entiéndanse los progres con la atea lesbiana Paglia y la catalana antisitema Gómez, que los provida, católicos y de derecha tenemos las cosas claras, como algunos comunistas sin Dios.