En las últimas semanas la administración Vizcarra ha dado dos señales indicativas de la probable infiltración del G2, la inteligencia cubana, en lo más profundo de la esfera del gobierno. Perú, por ejemplo, ha asumido el compromiso de respaldar en octubre al candidato de la dictadura cubana para el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (ONU). Mientras tanto, nuestro representante en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se abstuvo de votar junto a países como Argentina tratando infructuosamente de evitar el quórum necesario para realizar la elección del nuevo presidente de la multilateral y posponerla, en un claro intento de bloquear al abogado cubanoamericano Mauricio Claver-Carone, quien hasta el momento se desempeñaba como asesor de Seguridad Nacional para el Hemisferio Occidental de la Casa Blanca y hoy es el primer estadounidense en asumir la presidencia del BID. ¿Creyeron que podrían con el músculo diplomático de Trump? ¡Ja!

Vizcarra parece sentirse cómodo coordinando con la órbita castro-chavista, forista de Sao Paulo-Grupo de Puebla, es decir con los impresentables y fracasados comunistas sudacas, porque como ellos nuestro erudito en mitomanía resplandece por sus estrepitosos fallos: control de la pandemia, reactivación económica, reconstrucción del norte, seguridad ciudadana, lucha antidrogas, etc. Sobre este último tema la Casa Blanca ha difundido un reciente documento sobre los principales países productores de drogas ilícitas, donde se menciona la preocupación de que en el Perú “el cultivo de coca y la producción de cocaína se mantengan cerca de máximos históricos”, llamando “al gobierno peruano para que reanude las operaciones de erradicación”.

El semanario Hildebrandt en sus Trece reveló el viernes que un informe de Europol ratifica “la preocupación internacional sobre el incremento de la producción de cocaína peruana” y que “La Oficina Europea de la Policía también advierte sobre un crecimiento exponencial de la producción de cocaína en el Perú”. En enero de este año la Oficina de la Política Nacional para el Control de Drogas de la Casa Blanca (ONDCP) afirmó que las extensiones cocaleras aumentaron 38% en el 2019, en comparación al año anterior, y la producción de cocaína creció 40%. Hoy los cultivos ilícitos cubren 72,000 hectáreas y la producción anual de cocaína es de 704 toneladas métricas.

A la superproducción del polvo blanco se suma la incapacidad de Vizcarra para gestionar la crisis sanitaria, dejar de lado su hipócrita discurso anticorrupción y su amorcito por borrar la división entre poderes. Y sí pues, el Congreso prefirió no vacarlo “por el bien del país”. Hacia el narco estado caminamos, animados por el castro-chavismo, con el cuento de defender una democracia evaporada.