Este zafarrancho que estamos viviendo es por culpa de un régimen típicamente caviar.
Sagasti y sus moraditos. Con Gino Costa como mandamás del Ministerio del Interior, tras colocar de ministro a su pariente Elice, ex secretario de Sagasti, que mojaría sus pantalones antes de imponer el orden y la ley apelando a la Policía, como manda la Carta Magna. Sagasti y Elice exponen la vida de gente inocente mientras cuidan con algodones a los subversivos trajeados de agricultores, quienes impiden el libre tránsito como ordena la Constitución lanzando piedras y bombas molotov a los vehículos que circulan por las carreteras sur y norte. Esto gritaba un policía de la Dinoes: “Estamos cercados, desarmados. Lucharemos con los puños”. Simultáneamente el ministro Elice demandaba al Parlamento promulgar “rápido” la ley, tal cual exigen los campesinos, conminando al Estado peruano a legislar en beneficio de particulares. Lo dicho por Sagasti: “no me tiembla la mano ante cualquier intento de desestabilización, venga de donde venga” es calco del abecedario caviar. Sagasti es incapaz de imponer orden. ¡Dormimos con el enemigo!

Veamos. Apenas instalado en palacio descabezó a la Policía borrando de la institución a 18 generales. Ahora él y su pusilánime ministro Elice envían a Ica y Virú a la Policía desarmada, sin planificación estratégica. ¿Consecuencia? Múltiples custodios heridos. Esto anticipa lo que haría cualquier régimen progre, socialista, marxista o comunista que, a mala hora, ganase las elecciones 2021. ¡Si es que estas se realizan!

Hablamos de un colosal desgobierno lindante con la anomia, que trata con guantes de seda a la subversión, hoy instalada en Ica y Virú. Mientras tanto somete a la oposición –y a la Policía- a las horcas caudinas de los ideólogos rojos que manejan la Fiscalía y la Justicia. Allá se les procesará por violar derechos humanos de unos “inocentes que apenas protestaban por una causa justa como es el aumento de sus remuneraciones”. Esto, amable lector, es lo que vienen haciendo el régimen Sagasti y toda esa morralla izquierdista que se ha apoderado del Perú sin haber sido electos por el pueblo. ¡Están en falta! Porque soslayan el mandato constitucional de proteger por igual a 32 millones de peruanos, en vez de parcializarse con una camorra violentista que le genera rédito político al gerifalte de turno.

¡Por esta morralla incendiaria Sagasti es presidente de la República y una comunista preside el Parlamento! Sagasti es el arquetipo de esta estirpe meliflua, floja que solo defiende los derechos humanos de los que estén de su lado –o de quienes le sirvan para soldarse al poder- mientras repele hacer lo propio con quienes no comulguen con sus ruedas de molino. Esta muletilla de los ddhh es la fórmula ideal para someter a las naciones a la férula socialista, donde los jerarcas tratan a los suyos como a reyes, y a sus opositores como asesinos. Aunque ya una vez asegurados en el poder, la sociedad entera será sometida a una dictadura draconiana de la cual no saldrá jamás. Como Cuba, Venezuela o Corea del Norte.