Mi padre me enseñó a amar a los animales, siempre tuvimos mascota en casa, desde 3 gatos y dos perros a la vez, no solo me enseñó a amarlos sino también a respetarlos, él siempre dice que la virtud del ser humano es la humildad de corazón para el trato hacia los demás, pero como todo lo bueno se aprende y lo malo se matiza, la vida me sorprendió con la posta de instrucción, pero cuando los niños te escriben o llaman para sus tareas de colegio para hacerte la siguiente pregunta: ¿cuál es el motivo que tienen las personas para permitir que los perros se peleen hasta morir? No solo soy un ser humano, soy abogada, gestora de derechos de los animales y madre por decisión de dos schnauzer, evidentemente estos niños necesitaban una respuesta divergente y eficaz de mi parte.

El propietario infractor, una barata imitación de ser humano, que mantiene incólume su errado proceder a pesar de las consecuencias penales, a pesar de ocasionar sufrimiento al animal goza del espectáculo de perros peleando entre si hasta desgarrarse la carne, morderse hasta llegar a la inconciencia y sangrar hasta perder la vida. La vida de un animal para un gambler es una apuesta de juego altamente económica basada en el principio antijurídico “Mientras más sufre el perro, más resistente llega a ser y mejor luchador será”; sin embargo, cuando ya no son considerados eficaces para estos encuentros, son estrangulados o electrocutados.

La condición exigida es la agresividad, la misma que se consigue mediante crianza, y surge lo que siempre menciono en mis ponencias, el animal no nace agresivo, el humano es quien lo esculpe de violencia. Asimismo, se requiere gran musculatura en su anatomía para pelear, tales como las presentan los Bull Terrier, Bulldog y el Irish Terrier, por mencionar las principales razas; frecuentemente los animales utilizados para peleas son robados, el objetivo es que el perro que comienza a ser entrenado no sufra daño frente al que ya está desarrollado y así poder completar el entrenamiento del perro.

La Ley de Bienestar Animal regulariza las Peleas de Perros como Prohibición dentro de su cuerpo normativo, y castiga al propietario INFRACTOR con prisión efectiva de acuerdo al código penal -pues ha delinquido; queda claro que la inhabilitación para ser propietario de un animal queda extinguida de por vida-. La influencia de estas prácticas salvajes gesta una cadena interminable de maltrato animal, de actos de crueldad y afectación en la salud emocional de los niños al presenciar estos enfrentamientos se adjudican un dogma maligno como acto normal que debe permanecer en la comunidad; este cáncer de agresividad se puede evitar con prevención mediante la socialización entre nuestras mascotas desde temprana edad y la comunicación aunada a educación para nuestros niños, con una difusión interminable para nuestra comunidad.00