No cabe duda que la única forma que el país prospere es con mayor inversión y que cada vez el Estado tenga una menor participación en la dirección de la vida de las personas. La crisis ecoviral que atravesamos ha reafirmado que el Estado peruano no ha sido el mejor gestor para administrarla. Los poderes ejecutivo y legislativo no han dado la talla. Cada uno por su lado, ha buscado protagonismo para generar empatías, pero lo único que han logrado son antipatías en el país.

Al parecer, algunos candidatos presidenciales siguen el mismo camino; prometen soluciones desde el Estado cuando las salidas a los problemas sociales se inician por la creación de riqueza, la cual no está en manos del Estado. La creación de la riqueza nace de la inversión privada, la cual arriesga y genera empleos. El Estado debe tener la misión de dotar al país de infraestructura e integrarla, dar seguridad en las calles y fortalecer el sistema de salud.

Es lamentable escuchar a candidatos presidenciales con discursos populistas y “trasnochados” como el de hacer una “segunda reforma agraria” o “establecer el control de precios” y el de “cambiar la Constitución”.

Lo que debemos tener claro es que los subsidios que el Estado regala son generados por los impuestos pagados por las personas y empresas grandes, medianas y pequeñas. Somos la minoría los que financiamos a la mayoría de la población. Lo que un Estado debe hacer es que el país se formalice rápidamente, para que más personas y empresas paguen impuestos.

Los subsidios tampoco deben ser eternos, porque mal acostumbra a la población como también lo son las exoneraciones tributarias a ciertos sectores que hasta el momento no han justificado la ayuda que el Estado les ha provisto, ya que por un lado incentivan la holgazanería y por el otro desincentivan la competencia.

Lo que se debe hacer es replantear el rol del Estado. La actual crisis debe servir para afianzar el rol de la libertad económica y social. El Estado debe caer en manos de un gobierno que incentive la inversión grande hasta la pequeña, que tenga una visión moderna de la economía global, que incluya a los sectores marginados económicamente generando las condiciones sociales para una estabilidad emocional de la población.

Los discursos populistas por demás siniestros están dirigidos a captar votos para luego mantener la pobreza que es el “caldo de cultivo” de los sistemas totalitarios.

*Fecha de redacción 21 de febrero de 2021. No se publicó el lunes 23 de febrero (ya que José Patiño, quien canaliza mis columnas, está delicado de salud), por lo que se ha vuelto a enviar hoy sábado 27 de febrero.