Habló el imperio norteamericano. Ese al que tanto detesta la izquierda. En particular la sudaca. No obstante Washington pareciera haber invertido su rol, en un desesperado intento por tranzar con el comunismo peruano, para evitar que China consolide todavía más poder del que ya ha adquirido en nuestra nación, vía multimillonarias inversiones en campos que van desde minería y energía, pasando por el mayor puerto de nuestra costa, por citar tres áreas adonde ha afianzado mega operaciones. “En nombre del pueblo de Estados Unidos”, precisa un comunicado emitido ayer en Washington por el vocero del Departamento de Estado Ned Price “felicito al pueblo peruano por participar en la segunda vuelta de la elecciones presidenciales del 6 de junio”. Hasta aquí suena a rutina. Sin embargo, a continuación lanza un dardo envenenado para los demócratas peruanos que vienen protestando, cada día, con mayores pruebas por la absoluta falta de transparencia de esos comicios. Dice el Departamento de Estado: “Estos recientes comicios son un modelo de democracia”; y además, felicita a las autoridades peruanas “por administrar de manera segura otra ronda de elecciones libres, justas, accesibles y pacíficas.” Roma locuta, causa finita.
El comportamiento washingtoniano no dista del que tuvo desde finales de los noventa hasta el año 2001, a través de un embajador suyo: el activista Dennis Jet. Arremetió con todo contra el entonces presidente Alberto Fujimori, como ahora lo hace contra su hija, Keiko Fujimori. Cualquier sustituto fue bueno para Norteamérica. Hasta el ladrón Toledo, a quien respaldara indiscriminada, incondicionalmente. Tal como hoy lo hace, sin la menor vergüenza, con el chavismo asociado al terrorismo de sendero y al mrta. Porque es evidente, amable lector, que convalidar una elección tan cuestionada por los demócratas peruanos -y aplaudida por el comunismo ecuménico teledirigido desde el Foro de Sao Paulo- implica, sin disimulos, ponerse del lado de los simpatizantes del candidato del lapicito. Aunque igualmente significa expresarle su desdén a los partidos que simbolizan a la democracia peruana, fecundada siguiendo las bases de tolerancia que defienden las grandes democracias del planeta, como la norteamericana, inglesa y francesa, por ejemplo.
Repasemos. Un incompleto Jurado electoral digitado por la Junta Nacional de Justicia, fruto de un golpe de Estado; su presidente comunista y defensor de terroristas (en sintonía con el candidato Castillo); las otras dos patas del trípode que sostiene el proceso electoral (Onpe y Reniec) manipuladas mediante puertas giratorias operadas por Pedro Corvetto, jefe de Onpe que antes fue gerente de Reniec; la existencia de sendas pruebas de fraude en mesa criminalmente organizado, confirmadas por videos y audios, que sindican a sus promotores/autores de la férula comunista del postulante Castillo. Y siguen las “casualidades”, por las cuales 65% de los peruanos cree que las elecciones han sido fraudulentas. Pero a criterio de Washington, no hay señal de dolo. Norteamérica prefiere actuar sin altura de miras, apurándose a santificar un proceso electoral impresentable al que, insólitamente, califica de “modelo de democracia.”
Apostilla. La renuncia del doctor Luis Arce Cabrera, democrático miembro del JNE, mancha indeleblemente esta elección.

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