En los últimos tres años, la polarización de la política peruana ha llegado a niveles que han entorpecido el desarrollo de una buena gestión gubernamental, que ni siquiera ha permitido enmendar rumbos sectoriales que son urgentes, menos aún ha sido posible siquiera pensar en reformismo.

La agenda de opinión pública se ha caracterizado por la judicialización de la política, la politización de la justicia, el ocultamiento de información que debería ser pública y la imposición de la ideología en las decisiones de gobierno, aunque se atente contra la vida de las personas, lo estamos viendo en el caso de la covid-19.

Este contexto es el que heredará el equipo que se haga cargo del gobierno. En campaña hay dos corrientes con algunos matices: la confrontación contra el statu quo y el continuismo solapado.

La interrogante es ¿se podrá gobernar con eficacia en un clima de confrontación?, más aún cuando el Ejecutivo no tendrá mayoría en el Congreso, que se caracterizará por la atomización, haciendo muy difícil la obtención de consensos. Pienso que será indispensable confrontar, la herencia es muy pesada y habrá hechos en el camino cuya ocurrencia enervará el descontento ciudadano.

El primer nivel de confrontación será el señalamiento de los responsables de los manejos gubernamentales que nos ha expuesto a altísimos pagos de compensaciones en procesos arbitrales internacionales, caso Línea 2 del Metro y Gasoducto Sur Peruano. También habrá que hurgar sobre las contrataciones hechas en la pandemia, pues hay deudos de más de 100 mil personas que se han visto afectados por malos manejos en el Ejecutivo, a los que hay que responder haciendo justicia.

Un segundo nivel será la colisión inexorable con grupos de poder económico por temas como las magras pensiones de las AFP, las altas tasas de interés, las remediaciones ambientales no realizadas y el reformismo pendiente en aras del orden y eficiencia, que no será de gusto de todos los agentes de mercado.

Finalmente, el tercer nivel de enfrentamiento, estará en el espacio de las industrias extractivas, donde habrá que ser equilibrado entre doblegar en el terreno de las ideas y hechos a los antis y exigir a los inversionistas el cumplimiento de normas ambientales.