Si no tuviera la certeza que son absolutamente ineptos, pensaría que son unos sádicos. Ni por un mal pensamiento extraño a Vizcarra porque es imposible echar de menos tanta mentira y cinismo, pero este gobierno pareciera no estar haciendo nada de nada, es la incompetencia en su máxima expresión. La segunda ola podría ser más grave aún porque nos coge exhaustos, desalentados y empobrecidos. No hay herramientas para frenarla salvo las vacunas que al Perú le resultan tan distantes. Tampoco hay mucha inteligencia por parte del gobierno con sus mensajes confusos y poco transparentes, acompañados de un RREE y una ministra Astete que se rodean de un halo de misterio inexplicable cuando este tema es prioritario y de interés nacional.

Además, hay más de 3M de peruanos con hambre (FAO 2019) y el número no deja de crecer, acompañado de la anemia y la desnutrición. En su discurso inaugural, Sagasti anunció el programa Hambre Cero y luego no supimos más. ¿Me pregunto qué se encontrará realizando el MIDIS? ¿Los niños que no asisten a clases y cuyo principal alimento lo obtienen de Qali Warma estarán siendo atendidos? Los comedores populares y ollas comunes son insuficientes. ¿Minagri estará trabajando con la gente en el campo? Los bonos ya no se mencionan en la medida en que no han decretado confinamientos severos, sin embargo, es evidente que hay pauperización, pérdida de empleo y mayor endeudamiento que se traduce en Hambre. No entiendo por qué hasta hoy no se ha movilizado al Ejército en coordinación con las grandes empresas de alimentos, para distribuir no perecibles en las zonas más abandonadas del país.

Ya el matemático Marco Loret de Mola está advirtiendo que si la segunda ola sigue el mismo comportamiento que la primera, el 11 de abril vamos a estar en el pico de crecimiento de contagios y fallecidos. Pilar Mazzetti ha comentado, sin ningún pudor, que las elecciones podrían aplazarse porque febrero y marzo serán meses durísimos: la cepa inglesa ya está con nosotros y pasará una dolorosa factura. Aun así, la prórroga de las elecciones, especialmente viniendo de un gobierno de transición, debe ser la última de las opciones. Sabemos que la gente tiene miedo, acentuado por un sistema de salud colapsado y una incertidumbre generalizada por esta pandemia “sine die”, sin embargo, si Sagasti o cualquiera de sus ministros se sienten abrumados por los problemas del país, que renuncien, posiblemente se les agradecerá por sus servicios prestados.

Finalmente, deseo manifestar mi absoluto rechazo a la intransigencia del JNE. Sus decisiones tienen que estar guiadas por el derecho a la participación política de la ciudadanía. Descalificar candidatos por nimiedades formalistas como el caso de Olivera e intentarlo con Cillóniz, Acuña y Hernando de Soto de la forma más burda, es inaceptable; respecto de este último, rebuscando títulos obtenidos en el extranjero hace 50 años, bajo regulaciones que les son absolutamente desconocidas.

¿Pretenden darle tiempo a Guzmán para que remonte en las encuestas? Sólo de imaginarlo en una segunda vuelta con Forsyth me da escalofríos. Qué bajo ha caído la política en nuestro país. Emulando a Hurtado Miller solo me queda pedir que Dios nos ayude porque los peruanos vivimos disparándonos en los pies.