La Navidad, este año, fue excepcional en el país. Sin el desenfreno publicitario de otras épocas, salvo la masiva concurrencia de última hora a centros populares como Mesa Redonda; la fiesta religiosa que más une a la población fue celebrada en las casas, entre el temor al virus por la contaminación que acecha y la alegría de reencontrarse con los seres más queridos de la familia. Incluso, los grandes abrazos se dieron, seguramente, bajo el temor de un posible contagio y la sospecha de que cualquiera de nosotros podríamos ser portadores del coronavirus. Nunca antes la habíamos pasado igual.

Y, seguramente, este seguirá siendo el temor por mucho tiempo y con más razón para esta celebración de fin de año que se avecina. Las recomendaciones, en ambos casos, hoy deben servir más que nunca. Evitar las aglomeraciones, uso de las mascarillas, lavado de las manos del modo como se ha enseñado, guardar el distanciamiento entre unos y otros, deben ser las actitudes que debamos mantener con libertad y entera convicción de que así nos estaremos cuidando y protegiendo frente al virus, sin negarnos a socializar nuestras emociones en estos días de alegría.

Siendo la Navidad una fecha de amor, por sobre todas las cosas, nada fue más oportuno que permitirnos ese nuevo abrazo familiar presencial o el virtual, por las distancias físicas que nos hayan separado, en momentos que la vida misma cobra más sentido por las circunstancias. Esta gravísima crisis que nos toca vivir nos ha permitido una convivencia familiar diferente que ha servido para descubrirnos a nosotros mismos y destacar los valores que, muchas veces, habíamos olvidado o dejado de lado. Es lo bueno de la Navidad. Fiesta del amor y de la unión familiar. Fiesta de regocijo aún en épocas de adversidad. Jesús vino a la tierra a luchar por todos nosotros, sobre principios de justicia y amor, tan esenciales para una convivencia social sana.

El año nuevo es otra fecha que teníamos por costumbre celebrar con familiares o solamente amigos, o en fiestas públicas masiva. Ahora será todo diferente. Y no puede ser de otra manera. Dicen los expertos que se nos viene una segunda ola y que debemos cuidarnos mucho más. La covid-19 es el virus más letal de todos los tiempos. Deseamos que el año que viene podamos restablecer la tranquilidad y confianza por la vida.

Sin embargo, debemos recordar las decisiones que se han tomado pensando, precisamente, en el cuidado de nuestra salud. El Gobierno ha prorrogado el Estado de Emergencia Nacional hasta el 31 de enero de 2021, a través del Decreto Supremo 201-2020-PCM. Queda restringido, entonces, los derechos constitucionales sobre la libertad y la seguridad personal, inviolabilidad del domicilio, libertad de reunión y tránsito en el territorio. En los centros comerciales, tiendas y galerías en Lima, Callao y algunas otras regiones del país el aforo permitido es hasta el 40%, a fin de evitar las aglomeraciones, que son focos de contagios masivos.

La ministra de Salud, Pilar Mazzetti, precisó que el toque de queda en Lima y Callao será de 11.00 pm a 4.00 am, mientras que en las regiones de Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad y la provincia del Santa en Áncash la medida regirá de 10 p.m. a 4 a.m. El toque de queda regirá hasta el 4 de enero del próximo año. Son medidas que el gobierno tuvo que tomar para evitar mayores complicaciones en la población. Las medidas restrictivas incluyen, entre otros, no utilizar los carros particulares el 31 de diciembre y 1 de enero y sólo movilizarse en taxis que cuenten con la autorización debida o transporte público. Aun así, no perdamos la emoción de sentirnos mejor. Les deseo que pasen un buen fin de año y que el 2021 sea mejor para todos nosotros. Y por favor, señores del Gobierno, definan el tema de las vacunas, no podemos por omisión o falta de gestión pública quedar a la zaga en traer aquello que los laboratorios han encontrado para contrarrestar esta pandemia que nos azota.

Juez Supremo