Después de varios insufribles meses desde que se inició la pandemia, el último fin de semana me reuní -por fin- con mis amigos del colegio para hacer deporte. Tras pelotear un rato, celebramos el reencuentro brindando con unas cuantas cervezas. En medio de la alegría, saltó, como era de esperarse, el tema político a discusión.

La opinión fue, pues, unánime: la incertidumbre a causa de este Gobierno nos quita a todos el sueño. Había un par de furiosos que soltaron epítetos de grueso calibre contra el profesor rural, puesto que se dedican a la exportación y prácticamente están trabajando a pérdida. Yo solo escuchaba atento. No intervine hasta que uno de mis compañeros que, si bien rechaza lo que viene haciendo la administración de Pedro Castillo, aseveró que el dólar sube porque el Banco Central de Reserva está especulando.

Le expliqué -con una paciencia de monje que no sé de dónde salió- que la moneda estadounidense crece (mejor dicho, el sol cae) porque la gente cambia sus ahorros en soles a dólares ante el miedo de lo que pueda ocurrir con este Gobierno.

¿Cómo no caer en pánico si el Ejecutivo no deja meridianamente claro que la asamblea constituyente para redactar una nueva carta magna no está en sus planes, ni aclara su postura sobre estatizar Camisea? Y, como crece la demanda del billete verde, su valor, por consiguiente, aumenta. Es ahí, le aclaré, donde entra el BCR a vender dólares para evitar que su precio se dispare. “¿Y por qué ha bajado el dólar con la designación de Mirtha Vásquez como premier?”, preguntó. Otro de los presentes contestó que Guido Bellido ponía a temblar el mercado con sus anuncios radicales. Fin de la discusión.

Esta polémica me dejó pensando en qué estamos haciendo para erradicar el discurso caviar que se ha instalado entre por lo menos alguna persona cercana que tengamos. Y es que fue esta misma narrativa la que instaló a Pedro Castillo en Palacio de Gobierno porque “Fujimori nunca más”.

Los zurdos de cafetín dijeron que no podíamos ser gobernados por una “organización criminal” y que tenían listas las zapatillas para tumbarse a Castillo, como antes lo hicieron con Manuel Merino pisando los cadáveres de dos jóvenes con prontuario.

Pero, ¿qué sucedió? Tenemos a la mafia de Los Dinámicos del Centro en el poder y los caviares andan desesperados por enjaular a Vladimir Cerrón y por capturar, a su vez, al presidente del sombrero. Mientras estos miserables buscan acomodarse con el mandatario de turno (son coloidales y, en su momento, hasta fujimoristas fueron), la gente de a pie sufre a causa del aumento de los precios de los alimentos.

Dicho esto, cuando escuches a alguien que estimes repetir como foca alguna tontería caviar, corrígelo. No estás perdiendo tiempo, estás haciendo patria.

Mira más contenidos siguiéndonos en FacebookTwitter Instagram, y únete a nuestro grupo de Telegram para recibir las noticias del momento.