El elector peruano vota por lo general por el cambio para Presidente de la República, así lo demuestra la historia del Perú de las últimas décadas, donde salvo Alberto Fujimori en los 90 ningún otro mandatario fue reelecto de forma inmediata; y este criterio bien podríamos aplicarlo a la actuales Elecciones, donde sólo quedan dos candidaturas en carrera para el balotaje, una que se ha esforzado en decir y que ha sido su estribillo de campaña, de que ella representa la “continuidad del modelo económico (neoliberal)”, defendiéndolo a capa y espada, sin embargo aquel está en el centro de la crítica ya que la pandemia del covid-19 ha desnudado que el crecimiento económico no llegó horizontalmente a todos los peruanos; y el otro, que anuncia ser el “cambio”, un Estado con rol empresarial y regulador de mercado, en buen romance cambiar el modelo por uno de economía popular con mercados. Y por lo menos a nivel de las provincias, en la idiosincrasia del ciudadano se está frente a la disyuntiva de votar en la segunda vuelta por la continuidad o por el cambio.
Y en esencia es esto (además del antivoto), a pesar que en las últimas semanas se haya cambiado de estrategia de campaña por parte de quienes defienden el modelo económico (Fuerza Popular) y se han enfocado en convertir este balotaje entre los que defienden la “democracia y la libertad” contra aquellos que “a su juicio” representan ser sus verdugos, que buscan socavarlas (Perú Libre). Sin embargo este plan aunque al inicio causó cierto impacto, con el transcurrir de los días y conocidos los cuadros técnicos sumados a una y otra tienda, se ha ido diluyendo y no se ha internalizado en el elector; la “Campaña del Terruqueo”, no ha rendido los frutos esperados.
Respecto al antivoto no hay mucho qué decir, Keiko Fujimori presenta mayor rechazo en términos porcentuales que Pedro Castillo, pero hay todavía un buen número de indecisos y está pendiente el Debate entre candidatos que influirá en este segmento, pero de qué vale si como en el caso particular de Pedro Castillo, varias de sus declaraciones se contraponen a sus compromisos firmados, a los dichos de sus congresistas electos y del propio presidente de su partido Vladimir Cerrón. ¿Cómo estar seguros que no atentará contra la institucionalidad sino que la reforzará, si muchas de sus propuestas constituyen el debilitamiento del Estado que él dice quiere hacer más fuerte? Se ha pronunciado en contra de la ATU, Sutran, Sunedu, e inicialmente la Defensoría del Pueblo, lo que representaría volver al pasado, a la informalidad y a la precariedad del Principio de Autoridad. Castillo, estimo, en este Debate debe dar seguridad a quienes se han decidido votar por él, mostrarse firme y no oscilante y no tener temor de deslindar con la gente de sus canteras que más que sumarle le ha restado credibilidad, digo, si quiere ganar las elecciones.

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