Quid pro quo

Quid pro quo

Dada la penosa situación política que vive el país se hace necesaria una salida negociada de Pedro Castillo del poder. La negociación se debe dar sobre la base de su libertad en el marco de las graves acusaciones de delitos que conllevan hasta 35 años de prisión. Entonces, Castillo se va si se le asegura que su libertad y la de su familia no será afectada. ¿Hay otra solución? No. Los militares no quieren dar un golpe de Estado. El Congreso es cómplice corrompido de Castillo y lo deja sobrevivir. La calle no reacciona y languidece en el día a día. La Fiscalía es la única que tiene iniciativa, pero no la fuerza para eliminar del poder a Castillo y sus secuaces. Por lo tanto, la Fiscalía debe de servir de palo, pero tiene que haber una zanahoria porque el palo no es lo suficientemente fuerte para derribar al burro. La zanahoria es la inmunidad total con tal de que se vaya a través de una transición ordenada con límites de tiempo bien acotados. Un año es un plazo razonable. Es obvio que para que ello ocurra deben deponer sus actitudes maximalistas, tanto la así llamada oposición como el propio presidente y sus ayayeros.

Una actitud maximalista de la oposición es que Castillo es terrorista de Sendero Luminoso o el MRTA. No vamos a discutir aquí si eso es cierto o no. Lo que está en discusión es si se puede o no negociar con terroristas. Hechos. Montesinos, con la anuencia de Fujimori, negoció con el cabecilla terrorista Abimael Guzmán un “Acuerdo de paz” a cambio de una torta de cumpleaños y unas gollerías en prisión para el terrorista y su cúpula. Fujimori viajó hasta Cuba para pedirle a Fidel Castro que acogiera a los terroristas del MRTA a cambio de que estos liberaran a los rehenes en la residencia del embajador del Japón. La ruina de Polay fue no haber aceptado las condiciones de Fujimori y Fidel Castro, algo de lo que debería tomar nota Castillo.

En resumen, para los que consideran a Castillo proterrorista de Sendero o el MRTA, sí cabe la negociación política en aras de un fin superior que es, precisamente, que Castillo abandone el poder. El hecho de concederle inmunidad tampoco es tabú, salvo para los maximalistas. Un ejemplo histórico es el perdón general que le otorgó el presidente de los Estados Unidos Gerard Ford a su antecesor que renunció al cargo, Richard Nixon, por el caso Watergate. Esta inmunidad fue el instrumento de negociación por el cual se permitió la salida de Nixon del poder a cambio de no producir una crisis constitucional. Finalmente, existen de ambos lados los elementos para una negociación. A Castillo sólo le interesa no ir preso él y su familia por casos de corrupción que lo tienen con la soga al cuello. A la oposición, que no tiene fuerza para jalar la soga, le interesa que se vaya Castillo. El fin justifica los medios. Realpolitik. Los maximalistas salen sobrando porque son parte del problema, no de la solución.

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