Una de las causas de la crisis de representación que estamos viviendo se encuentra en nuestro sistema electoral. La forma en la elegimos a nuestros representantes es parte esencial de nuestra democracia y tiene incidencia en que actualmente los peruanos no podamos responder a la pregunta de cuál de los 130 congresistas que ocupan una curul nos representa.

Esto sucede porque nuestro sistema electoral de listas parlamentarias permite que el vínculo entre congresistas y ciudadanos no esté claramente definido. Usemos como ejemplo Lima, distrito electoral donde votamos más de 8 millones de personas para elegir a 33 congresistas. El problema está en que cada uno de estos congresistas representa, al mismo tiempo, a un grupo muy grande y diverso de personas, lo cual dificulta la conexión y comunicación con el ciudadano.

Asimismo, los ciudadanos tampoco podemos identificar claramente a cuál de esos 33 congresistas debemos hacer responsable por las decisiones que adopta el Congreso, ni a cuál de ellos recurrir. Lo mismo sucede en la mayoría de las regiones del país, pues la relación entre congresista y elector está diluida.

Si dividiéramos las actuales circunscripciones electorales en grupos más pequeños, donde cada ciudadano vota por solo un candidato que presenta cada partido, el candidato que obtenga más votos será el que represente a dicho distrito en el Congreso. Así, lograríamos que cada grupo sepa exactamente cuál de los congresistas responde ante ellos y el congresista sabrá también a qué grupo de personas representa.

A este sistema de elección se le llama elección por distrito uninominal y tiene muchas ventajas. La principal es que logra crear una relación directa y cercana entre congresistas y el grupo de ciudadanos al que representa, lo cual permite que el rendimiento de cuentas, la fiscalización y la representación se lleven a cabo de manera óptima. Los ciudadanos de cada distrito tendrán a una persona fácilmente identificable a quien recurrir en caso necesiten ayuda. Esto también asegura que cada zona geográfica tenga representación en el Congreso.

Por otro lado, con este sistema los partidos tendrán que presentar a un solo candidato por distrito. No habrá que elegir entre cientos de candidatos y esto nos facilitará conocerlos y fiscalizarlos a fondo. Asimismo, los partidos tendrán que elegir a mejores candidatos si es que quieren aumentar sus chances de ganar la elección.

Por último, al no haber curul para el segundo o tercer lugar, obligamos al candidato ganador a generar más consenso, pues representará a todo el distrito, no solo a quienes votaron por él. Así, será más probable que se preocupe por responder a su distrito, más que a intereses personales o partidarios, y se generan incentivos para que haya menos partidos postulando.

Fortalecer nuestra democracia y nuestras instituciones pasa por generar mecanismos que permitan el rendimiento de cuentas. Lo que necesitamos en el Perú es un cambio en nuestras estructuras electorales que transforme el sistema de raíz y que nos permita recuperar la confianza en nuestras instituciones y autoridades.