El sábado fue un gran día en la lucha por la libertad de expresión. A media mañana soltamos el #ApoyoaBetoOrtiz y en la noche fuimos largamente tendencia nacional.

Twitter es solo una red social pero refleja la opinión de un segmento interesante de la opinión pública peruana, sobre todo de los jóvenes y de quienes tienen interés en el debate político.

En este universo muestral (unas 300 mil cuentas activas políticamente) lo interesante no fue solo el respaldo al popular periodista, sino al ejercicio libre de la profesión periodística por contraste con el grueso de la gran prensa convertida en rabona del corrupto poder de turno.

Ortiz ha presentado un informe demoledor sobre la bajísima eficacia de las vacunas de Sinopharm, respaldándose en documentos de la universidad Cayetano Heredia que no han sido desmentidos por nadie y en la interpretación de un destacado médico y científico, el doctor Ernesto Bustamante. El impacto es altísimo, porque queda claro que las vacunas chinas no se sustentan en los estudios indispensables dentro de nuestro país y su aplicación podría afectar a millones de peruanos. En corto, se advierte el riesgo de un genocidio.

Nada justifica, entonces, una denuncia judicial y la jauría que se ha lanzado contra Beto Ortiz y Willax solo se explica porque el modelo comunicacional y empresarial de ese canal está derrotando largamente a los paquidermos tradicionales virtualmente quebrados financieramente y que medran del subsidio de la publicidad estatal.

Ese cartel mediático es, además, la plataforma vinculada a la corrupción estructural de empresas corruptas como Odebrecht, Graña y Montero, etc. Con su poder se apañó el robo del triunfo electoral de Keiko el 2016 y también se ha azuzado a toda una generación para validar el golpe de Estado, y los mil y un delitos e irregularidades del lagarto Vizcarra y su argolla de rojos, caviares, social confusos y ultramercantilistas. Todos los que ahora están al borde de un ataque de nervios.

Precisamente esos son los ahora denunciados por el candidato de Derecha Popular Rafael López Aliaga, al que han excluido de la gran prensa y es acogido justamente por Willax.

En Twitter la gente se dio cuenta de esta maniobra: afectar a Ortiz y al canal implicaba silenciar al único candidato dispuesto a romper la alianza de la prensa venal con los intereses turbios de la mafia. Pero, a un mes de la votación, ese esfuerzo represivo no funciona, la libertad de expresión nadie puede acallarla.