El enojo parece ser la manifestación de la emoción pública de hoy. Es la reacción natural de un pueblo frustrado al ver que su gran sacrificio, estar encerrado por más de cien días, no ha sido reconocido ni bien utilizado, por un gobierno indolente e incapaz para lograr mejores resultados frente a la pandemia. Uno de cada mil peruanos murió y cincuenta de cada mil han sido contagiados por el Covid-19. En el campo laboral una de cada seis personas ha perdido su empleo. En el tema económico los peruanos somos más pobres porque para sobrevivir muchos gastaron sus ahorros, CTS o se endeudaron.

El enojo y la indignación se exacerba más al comprobar que a pesar de las denuncias de corrupción en la compra de equipos, medicinas, mascarillas y pruebas, que pudieron salvar vidas, aún no vemos, ni sabemos de funcionarios denunciados, investigados y mucho menos encarcelados por sus execrables delitos.

La difusión de los audios de la vergüenza muestra a nuestro presidente gobernando en la mediocridad de amañar, mentir, manipular, ocultar. Acciones que antes él mismo criticaba en otros. Esto ha generado indignación hasta en la misma gente que lo aplaudió y encumbró en su popularidad en los primeros meses de la pandemia. Los hechos han polarizado la opinión pública, especialmente en las redes sociales que reflejaron enfrentamientos y un descontrolado enojo hasta entre los mismos simpatizantes de uno y otro partido. ¿Vacar o no vacar?, una tremenda disyuntiva que nos ponía delante de un shock moral. La decisión controvertida que tomó la mayoría del Congreso de NO VACAR, quizá haya sido la misma que habrían votado la mayoría de peruanos en un imaginario referéndum a solo diez meses de cambiar de Gobierno.

En esta contienda perdieron muchos. Perdió el Presidente que, desnudado en su pobreza de valores, se queda, pero quiñado y con moretones. Sabe que esta vez lo salvó una mayoría, incluyendo a aquellos que sin razón persigue y encierra, quienes votaron por el Perú y no por Vizcarra. Perdió Acción Popular que nunca imaginó verse enredado en su propia telaraña por la desmedida ambición de algunos correligionarios. Perdió APP por dejar en evidencia que sus votos se negocian. Perdieron UPP y Frepap que al final se quedaron solos en su arriesgada travesía. Dieron vergüenza los que hablaron “rojo” y votaron “verde”. Ganaron los congresistas y partidos que fueron coherentes de principio a fin.

Los que “pagamos el pato” seguimos siendo los peruanos que vemos un Gobierno que no sabe leer nuestro enojo, que sigue dispuesto a pelear hasta con su sombra, que aún no comienza a planear cómo enfrentar la crisis económica y delira pensando que llega la vacuna y se acabarán nuestros problemas.

@luchootoya