Para aquellos que llaman ignorantes, rojetes y terroristas a los jóvenes que están en desacuerdo con la última genialidad jurídica del Congreso, déjenme decirles que no he conocido intolerancia más grande –por el momento–. Si no vieron más allá de “leer” la ley y no entienden la indignación de los futuros practicantes, tenemos un serio problema; pero, guarde la calma. El proyecto de la Ley Pulpín ha sido retirado (hasta nuevo aviso).

No importa si sus prácticas fueron ad honorem en sus tiempos de curiosidad primaveral. Los tiempos cambian y aceleran, y si ahora usan la xenofobia para justificar su falta de sentido de competencia laboral, en un tiempo serán estos futuros votantes quienes los culparán por zanjar sus ansias de progreso. Esto ya no es sentido de competencia y nuevas modalidades de prácticas formativas. Es la manera más descarada de conseguir mano de obra gratuita.

Y ya que todos han compartido por Twitter las maravillas de su experiencia de prácticas, también quiero compartir la mía. Va el año 2007. Recuerdo ingresar a una firma jurídica para tener mi primera práctica profesional en el campo de protección al consumidor. Contrario de lo que pensaba, fui objeto de explotación, una esponja del todismo jurídico y el mejor comprador de cajetillas de cigarro en la tienda de la esquina. Trabajé de 7:00 am hasta que mi jefe decidiera que ya debía irme a casa, a altas horas de la noche –y, a veces, madrugadas–, a pesar de que mi contrato era por medio tiempo. Trabajé bajo gritos, precisión y nunca aprendí sobre lo que realmente me interesaba o cualquier punto del Derecho, sin mencionar que me pagaban mensualmente un cuarto del sueldo mínimo vital, y ni siquiera era un pago a tiempo. Si yo –que era estudiante universitario– pasé por una de las experiencias más viles del curso laboral, ¿qué les da la seguridad de que esto no se producirá con los jóvenes de institutos técnicos? ¿Que son solo 448 horas en tres años y es voluntario? Claro, pero nadie te contrata sin experiencia laboral. Sí o sí estás obligado a trabajar gratis, porque el pago voluntario del empleador tampoco sucederá.

Si hacen un verdadero trabajo de investigación evidenciarán que lo que fue mi realidad es la realidad de muchos jóvenes, y con el proyecto de Ley Pulpín estaban promocionado modalidades alternativas de explotación laboral que no podrían controlar ni con contratos ni con vigilancia. Estaban destruyendo el futuro de muchos profesionales y propiciando la fuga de talentos. ¿Qué harán cuando el proyecto regrese a la mesa? ¿Podrá más el amor a la patria y a la empresa o la búsqueda de un mejor futuro laboral? Solo espero que se produzca un proyecto beneficioso para todos.

Si quiere opinar algo al respecto, usemos el hashtag #LEYPULPIN. Sé que esta columna es de tecnologías y derecho, y que esperaba algo relacionado como todos los domingos, pero ante las irracionalidades todo medio debe ser usado para hablar, incluso si la tribuna no es la misma.