Rafael Hidalgo

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DESDE EL FARO

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A paso de tortuga golosa: La Línea 2 del Metro

Emulando al artillero que legó el Arco del Triunfo o tal vez a Pedro El Grande que fundó San Petersburgo, el comandante de artillería Ollanta Humala se lanzó a construir tres obras faraónicas: el frustrado Gasoducto del Sur (US$ 7,328 millones), la Torre de Babel (refinería) en Talara (US$ 5,500 millones) y la Línea 2 del Metro de Lima (US$ 5,658 millones).

El expresidente, cual niño mimado en Navidad, exigió al Comité “Chicheñó” de Proinversión (el mismo de Chinchero) un costoso tren (Metro) en la Línea 2 con dos chiches: que fuera subterráneo a 25 metros de profundidad -como ni siquiera se permiten los metros en Nueva York o París, que emergen en Queens o en la Motte Picquet- sin reparar en que apenas el 25 % del itinerario de 35 kilómetros atravesaba el casco urbano de Lima mientras que el otro 75 % recorre la carretera Central y las avenidas Colonial y Faucett en el Callao en campo abierto, tal como el Tren Eléctrico en la Línea 1.

Y, segundo, que los trenes operen a control remoto (automáticos, sin piloto), lo que es un lujo que sólo se permiten urbes del primer mundo como Copenhague, Tokio, Londres o la riquísima Dubai. Al parecer, a la pareja presidencial le fastidiaba que su tren se asemeje al de su antecesor.

Esta concesión se otorgó en el verano del 2014 (28/3/2014) a un postor único: la empresa ACS del presidente del Real Madrid Florentino Pérez (25 %) y sus consorciados: su paisana FCC (19 %), las filiales italianas de la japonesa Hitachi – Hitachi Rail y Ansaldo STS (27 %), Salini Impregilo (19 %) y la peruana Cosapi (10 %). Originalmente, debió culminarse en el invierno del 2019 coincidiendo con los Juegos Panamericanos, pero viene avanzando a paso de tortuga exhibiendo a la fecha un 23 % de ejecución.

El ministro de Transportes, Edmer Trujillo, anunció, con candor, que prorrogará el plazo hasta el 2024 sin que acarree costos adicionales contractuales -que bordearían los US$ 3,000 millones por gastos generales contractuales- soslayando que ACS en el 2017 ya presentó un primer reclamo ante el CIADI por US$ 260 millones.

Con similar ingenuidad el contralor, Nelson Shack, nos revela que, según su auditoría, al contrato encuentra que este ya establece condiciones para calificar eventos geológicos susceptibles de mayores costos, variando en 180 grados la posición de la Contraloría que señalaba hasta hace algunos meses que este pedido variaba las condiciones de competencia. ¿Se despertará la gula de Don Florentino en una nueva adenda?

Rafael Hidalgo

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