Rafael Romero

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Alan y Susana, suicidio y confesión

Podrán decir algunos que hay que dejar descansar en paz al expresidente Alan García tras su antibíblica decisión de quitarse la vida, pero él ya está en la historia para bien o para mal; y en ese terreno los nombres de los personajes y sus biografías permanecerán tal cual ante la mirada de las generaciones venideras.

Otros ribetes conjugan la historia de la exalcaldesa Susana Villarán, hoy en prisión preventiva por su millonaria recepción de dinero manejado para comprar conciencias desde las diabólicas constructoras Odebrecht y OAS. Esa mujer ocultó con cabeza fría y por muchos años la desidia de su amor al dinero, disfrazando su izquierdismo con un forzado e hipócrita catolicismo, e igualmente fue habilidosa para la mentira, la traición y la sinvergüencería frente a su entorno político más cercano, salvo su complicidad con un gerente general edil y ante su adicta manga de testaferros.

Pero hasta ahora, en lo que atañe al análisis político, se podrá decir de todo respecto de Alan García y Susana Villarán, claro está se dirá de todo en los planos partidarios, ideológicos, desde el ejercicio de la función pública o desde la biografía íntima; contrario sensu no se ha dicho todo frente a los vericuetos de sus conciencias, a su forma de cuidar sus almas, de preservar sus valores cristianos esenciales y tampoco nada se ha dicho acerca de la vida espiritual de ambos políticos.

En este terreno hay hechos sobrenaturales y extraños que investigo, mucho más cuando hay testigos que pueden atestiguarlos y de quienes quiero arrancar declaraciones acerca de lo que realmente pasó coincidentemente en la vida del expresidente García Pérez y de la exalcaldesa Villarán de la Puente. Es fácil prever que, cuando la investigación sea terminada, la información pública que entreguemos será una cachetada a los políticos que no tienen temor de Dios, en especial cuando millones de peruanos han visto claudicar a las más altas autoridades de Estado en los últimos treinta años y de todos los colores políticos.

Este es un ángulo diferente y quizá el más importante no solo para entender qué pasó en la biografía de Alan García y en la trayectoria de Susana Villarán, al punto de olvidar los consejos que les dieron oportunamente y al punto de manchar no solo sus vidas políticas sino la de traicionar sus conciencias, olvidando que juraron sus cargos ante un crucifijo y las Sagradas Escrituras.





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