La estrategia evangelizadora, en los tiempos de la Colonia, fue a través de la asimilación de instituciones cristianas con las incas y de otras culturas peruanas. Así, estableciendo similitudes, mimetizándolas, los foráneos incorporaron e impusieron personajes, como parte de las festividades religiosas. Para lograr el puesto, aceptación, ascensión, reconocimiento social y el poder, principalmente se debía tener o proveerse de todos los recursos necesarios para la celebración de la festividad.

Entonces, entre otros, el alferado, el prioste, el carguyoc, la mayordomía, el padrinazgo, las cabezonías, resultaba siendo el que más dinero tenía para financiar la fiestas patronal, y así poder planificar, organizar y dirigirla.

Peruano, a lo largo y ancho, de nuestro querido país, resulta que, quien tenga “plata como cancha”, sin importar cómo la haya obtenido, de dónde provenga su riqueza o si es mala persona, podría ser elegido como el personaje principal de la festividad. ¿ESTO NO LES PARECE SIMILAR A LO QUE OCURRE EN LA POLÍTICA?

Fíjense. Para las fiestas tradicionales se requieren cuantiosas sumas de dinero para solventar, entre otros, las celebraciones litúrgicas, vestimentas, procesiones, pasacalles, decorados, bailes, comidas, bebidas, música y regalos.

En la política, también se requieren de inmensas sumas de dinero para sufragar las campañas electorales: paneles publicitarios, publicidad radial y televisiva, afiches, gorros, polos, tazas, lapiceros, bailes, estrados, comidas, portátiles y un sinfín de conceptos. En ambos casos, el padrino, el mayordomo, el alferado, el cabezón, el prioste, el carguyos o el cabezón, se asemejan al político tradicional por ser quien lo paga todo, ya sea con plata de su bolsillo, el de sus compadres o hermanitos.

Desgraciadamente, esta institución vernacular sincretizada incorporada del cristianismo, se asimiló e invadió terreno de la política, resultando que, quien tiene más dinero –propio o no- resulta siendo electo. Así, la población, en tiempo electoral, ve al político como aquel que debe ser pródigo, dispendioso, derrochador, proveerle regalos, dinero, alimentos y trabajo.

Sin embargo, este constructo no es exclusivo de la población rural, periurbana o más necesitada. También está instalado, internalizado en el empresariado, en los grupos de poder comunicacional, en gran parte de funcionarios de los tres poderes del Estado, gobiernos subnacionales y de todo aquel que vive de la mamadera estatal, del poder político, de la corrupción e impunidad.

Quijotes, en esta elección, que resulta siendo atípica, ya no se pueden hacer pasacalles con portátiles, fiestas, parrilladas, mítines, regalitos, donaciones, “INVERSIÓN” en publicidad. Entonces, ¿QUÉ PODRÁN HACER NUESTROS ALFERADOS, MAYORDOMOS Y CABEZONES POLÍTICOS?

Pues, tendrán que volver a lo tradicional: las promesas de campaña. El populismo discursivo; no hay otra. Para ello, algunos acudirán a los mensajes que evoquen lo dadivoso, generoso, regalón que fue. Otros, serán “FINANCISTAS DE ILUSIONES” a base de ofrecimientos populistas, que ciertamente saben no cumplirán, ni lo querrán hacer.
Ni modo, hasta que sigan existiendo cabezones, alferados y mayordomos en la política; hasta que no sean juzgados y encarcelados; yo seguiré proponiendo, para ellos…

¡JUBILACIÓN POLÍTICA YA!