Raúl Mendoza

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PUNTO APARTE

Acerca de Raúl Mendoza:



Divanes y doctores

La ansiedad remite al miedo injustificado y a la falta de control. He sido testigo de ataques de pánico en situaciones tranquilas y más entre amigos que pasan años sin empleo o entre aquellos que, heridos, viven atados a una cama o a una sala, sin  movilidad. Falta de control, como la de quien aborda un avión y debe resignarse a volar “sin bajarse en la esquina”. El miedo es razonable, peligroso sería vivir sin él, nos contiene. La lógica desprovista de emociones resuelve problemas, pero puede también llevarnos a bordes en los que no deberíamos jugar.

Hace un año escribí que necesitamos más psicólogos que abogados, porque cuando los fenómenos sociales, políticos o personales parecen terminales, perdemos el control, nace la ansiedad. Tememos cuando escuchamos a alguien referirnos de su enfermedad, la sentimos casi como nuestra. La ansiedad se acompaña del miedo a morir porque perder el control de todo es vulnerabilidad. La angustia por un empleo produjo en un cercano un ligero ataque que calmé sin el mérito de la academia y con el consejo de visitar un diván, sugerencia que ignoró. Otro quitó sin cirugía un bulto en la garganta cuando comprendió la raíz psicológica de la inflamación. Hallar la luz, por eso la licencia: “necesitamos más psicólogos que abogados”. El problema es que los psicólogos necesitan más pacientes.

La vulnerabilidad es permanente en esta vida de impermanencia, pero en las crisis nos parece “de locos” recurrir a un psicoterapeuta, pese a que nada resulta más liberador. Sabemos que los psiquiatras tratan la patología o los desbalances bioquímicos del cerebro y que los psicoterapeutas nos orientan hacia el hallazgo de los nudos que nos atascan. Todos tendríamos una razón para ser “caseritos”, pero cuántos peruanos pueden pagar un psicólogo y, más, acceder a la salud mental.

Existen trastornos idiopáticos, pero hay otros que se sobreentienden a partir de nuestras procelosas vidas. De allí que el estudio del comportamiento, las emociones y la mente sea sustantivo y no menos importante que aquel que nos enseña a erigir edificios o a ganarle a un fiscal. Nada es más fecundo que aliviar el sufrimiento de un alma atormentada, más gratificante que guiar a un adolescente a la meta o enriquecer una vida aún en el sinsabor de una derrota.

Vocaciones frustradas tantas como las inquietudes por explorar lo insondable, la psique antes que Marte. Nosce te ipsum no fue en vano.

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